viernes, 13 de julio de 2012

colombia

P. GUAJIRA

El traje típico del indígena wayuu en la mujer es la manta guajira. Su cuello puede ser cuadrado, en escote en “V” y ovalado en la cintura. Tiene dos cordones por dentro que se amarran al cuerpo, dando una forma armada por delante y totalmente suelta atrás. Debajo de las mantas se usa un wusi, que es una prenda íntima de la mujer que se amarra con la sirapa; anteriormente el uso de la sirapa era indispensable para mantener una buena postura y desarrollar correctamente los senos y la espalda; hoy, ha sido remplazada por los calzones o ropa interior, las waireñas o cotizas, la mochila y los collares.

El traje típico del Hombre es el guayuco o taparrabo, las waireñas, un sombrero y una camisa.

El disfraz de los embarradores
Consta de pantalones largos, camisas o franelas mangas largas, sacos y chaquetas y una careta o capuchón elaborado en tela gruesa, preferiblemente lona o lienzo. Este disfraz es usado en los carnavales.

El disfraz de las mascaritas
Fueron un grupo de personas que se disfrazaban para entrar a los bailes, para poder pillar al esposo, al novio o marido en otras andanzas fuera del hogar. El disfraz consistía en que se ponían unas máscaras en la cara, se colocaban cualquier cosa, un pote, un manar y encima de esto un tul, un velo, o un antifaz para que no les pudieran identificar. Hasta las manos se guardaban con medias para no ser reconocidas. Las mujeres llevaban en las manos maracas elaboradas en latas.
El vestuario del baile de la Chichamaya o Yonna

Los elementos de mujer son una manta bien bonita, amplia y bastante alegre, y un pañolón que cubre la cabeza y llega hasta los pies.

Los elementos del hombre son su original wayuco con su faja bien elegante y en la cabeza un casquete o carracho tejido con colorido. Termina en una pluma de pavo real, casi siempre descalzo.

El vestuario en el baile del Pilón Guajiro
Los elementos de mujer: blusa y falda con mucho colorido, saco por fuera, con mangas tres cuartas, cuello camisero o redondo y una pañoleta en el cuello recogida con un anillo. En la cabeza, flores de diferentes clases.

Elementos de hombre: pantalón blanco largo, camisa manga larga blanca y una pañoleta en el cuello, roja, recogida con un anillo.

Q. GUAVIARE

El departamento de Guaviare pertenece a una zona de transición entre la sabana y la selva, marcada por una gran influencia de colonización que no permite establecer un criterio unificado en relación a un traje típico. Aquí se referencia el traje utilizado tradicionalmente por las comunidades indígenas guayabero y tucano, de gran importancia poblacional en el departamento.

Traje para la mujer
Tradicionalmente se emplea la fibra de palma de cumare para elaborar faldas cortas; antiguamente llevaban el torso desnudo colgando los bebes de una tela amarrada al cuello. Además, cuentan con gran cantidad de opciones en accesorios a partir de plumas de diversas aves, y varios grupos de semillas que utilizan en la creación de collares manillas y pulseras.

Traje para el hombre
El vestido tradicional es un taparrabo de fibra pigmentada con achiote (bixa orellana). Hoy reemplazado por ropas de blancos. Para las ocasiones especiales se adornan con coronas de plumas y rodilleras con diversas semillas, acompañados de uñas de perezoso, resonadores bucales de los monos aulladores y algunos dientes de caimán.

El Guaviare presenta un clima tropical húmedo que generaliza el uso de botas de caucho, sombreros ralos y el tradicional poncho, considerado una prenda fundamental para algunos oficios del agro. En la mujer se reconocen los vestidos estampados en dacrones y linos. Y en el hombre la adopción de cotizas.

R. HUILA

La prenda fundamental de las mujeres del Huila es la falda, que ha evolucionado con el paso del tiempo, sin embargo, su sentido de identidad parroquial y su esencia se mantienen.

En sus inicios la falda era muy modesta, elaborada en satín, más arriba de la rodilla, relativamente angosta y pintada a mano. Hoy en día es mucho más ancha y un poco más larga, se conserva la tradición de pintarla a mano y además se decora vistosamente con aplicaciones troqueladas de flores y hojas, lentejuelas y encajes. Debajo de la falda se usan enaguas, fondos o pollerines con encajes de letín o amplias arandelas de tul. El pollerín debe elaborarse teniendo en cuenta la suntuosidad de la falda.

La blusa ha mantenido su diseño original, variando adornos como encajes, millaré y lentejuelas, para acentuar su belleza y elegancia. El traje campesino se caracteriza por una blusa blanca, de colores (rosada, verde, amarilla) o del mismo estampado de la falda con cuello subido o tortuga, prenses o encajes en la parte delantera, arandelas en la cintura, manga larga terminada en puño, con arandelas y encajes. La falda campesina es larga, hasta el tobillo, con dos o tres partiduras. Si la falda es en un solo fondo, se le colocan encajes de colores y si es estampada, encajes blancos.

Entre los accesorios más comunes de la mujer huilense podemos encontrar la gorra de pindo con flores, que se ajusta con una cinta llamada barbuquejo. Como calzado se usan cotizas o alpargatas de fique. Es común peinarse con moñas o trenzas.

El hombre de la zona urbana llevaba generalmente camisa blanca de manga larga, con cuello militar, pechera con alforzas y encajes bordados. El pantalón de dril entubado, en un principio de rayas con fondo oscuro, posteriormente, de un solo color, blanco o negro. La parafernalia masculina se basa en el famoso sombrero de pindo, el indispensable cinturón de cuero de tres hebillas con uno o dos bolsillos laterales, el pañuelo raboegallo, poncho o ruana calentana al hombro y funda de peinilla, machete o navaja.

El traje campesino tradicional está conformado por una camisa de tela blanca sin ninguna figura en el pecho, cuello militar y manga larga terminada en puño. El pantalón de tela, generalmente blanco o negro con pretina y pasadores en forma de equis, dos o tres prenses, bolsillos a los lados, atrás y bolsillo relojero; dobladillos con guardapolvo.

Se usan sombrero de pindo, poncho o ruana calentana, pañuelo raboegallo rojo, mochila de cabuya, cubierta con o sin peinilla, alpargatas de fique o chocaperros, correa, calceta de plátano o cabuya.

S. MAGDALENA

Los trajes típicos son utilizados generalmente en las diferentes manifestaciones dancísticas de la región.

Traje típico para la mujer: falda larga, muy ancha, de colores alegres y blusa bombacha con cuello de arandelas. La cabeza va adornada con flores y lleva alpargatas o abuelitas, aunque para muchos bailes va descalza.

Traje típico para el hombre: pantalón blanco largo, camisa blanca anudada en la cintura, mochila caribeña y sombrero. Pañoleta roja anudada al cuello y machete envainado, lleva alpargatas o va descalzo.


Traje típico de las comunidades indígenas

Arhuacos
T. META

En el llano hay gran variedad de trajes, como por ejemplo: el del hombre blanco de hato, que es vestido entero en terciopelo café, bordado con canutillos, sombrero de piel de nutria, pañuelo de seda, camisa con alforzas reforzadas con encajes, de cuello angosto y botones de oro, también pantalones de garraci, abiertos a los lados y un bayetón con los colores característicos de la región: el azul y el rojo en paño.

Las damas acomodadas llevaban el cabello peinado en trenza con lazos de seda, blusa de seda de manga larga con encajes, falda negra, busaco (talego) de fique de colores, paraguas de raso negro y en el saco de mano llevaban la mantilla con la que se cubrían la cabeza al entrar a la iglesia.

También esta el llanero de la sabana, que lleva sombrero de palma de moriche, pañuelo de algodón, camisa del mismo material, pantalón de bayeta y va descalzo para poder afirmarse con los dedos al triangulo de los estribos de cobre.

Otro de los trajes que hacen parte de la cultura del Meta es el del Joropo, en donde el hombre lleva pañuelo de seda, camisa del percal blanco con alforzas, botones dorados, garrací (Pantalón) recogido a media pierna, alpargatas y guitarra llanera, adornada con cintas de colores. La mujer adornada en la cabeza con flores, lleva blusa de seda con arandeles en los hombros, manga ¾; falda de seda y mantilla de algodón.

U. NARIÑO

El traje típico de uso diario de la mujer nariñense es falda negra y blusa blanca y sombrero de paño; los hombres usan pantalón ancho de colores oscuros, camisa blanca, ruana, zapatos negros y sombrero de paño. Dependiendo de la región y sobre todo del clima, los trajes pueden cambiar. En la costa pacífica el traje de la mujer es generalmente un vestido fresco y blanco, pañoleta en la cabeza, o falda y blusa de manga corta; el hombre utiliza pantalón y camisa blancos y no usan calzado.

Aunque algunos indígenas han adoptado el traje del campesino nariñense, se deben destacar en la zona andina sus mantas a rayas, vistosas faldas, abultados collares y su corte de pelo. En algunos los penachos de plumas y los bastones de mando resaltan su jerarquía. El traje festivo típico de la mujer en Nariño es la conocida Ñapanga: blusa bordada con recamados de algodón rojo o azul, falda de bayeta o bolsicón, enagua, moño con lazo de cinta, candongas grandes, pañolón o chal con vistosos flecos que anudan alrededor de los hombros, alpargatas con capellada en hilo de colores y sombrero de paño. El hombre usa pantalón negro, camisa blanca, sombrero de paño, ruana de lana tejida y alpargatas con capellada en hilo blanco.

La Ñapanga ha constituido uno de los personajes más interesantes, no sólo por su tipicidad sino por su rol social y cultural. Como término aparece Ñapanga, en deformación del original Llapanga, voz quechua que significa “descalza”, nominativo aplicado a la “mujer del pueblo”. Otra aclaración etnológica, que vale la pena destacar, es aquélla que hace referencia al marco geográfico del personaje en cuestión, que abarca desde Quito hasta Pasto y Popayán. Originalmente, las bolsiconas de Quito se dedicaban a labores como el bordado y la modistería. Su ocupación ordinaria es la atención de la tienda o pulpería, pieza con rejilla tradicional donde se ofrecían artículos de primera necesidad.

La pieza tradicional de la ñapanga pastusa ha sido el follado o “bolsicón” de bayetilla castellana en colores fuertes: azul claro, rojo vivo y morado episcopal. Sobre la cadera derecha se abre un largo bolsillo vertical. Acerca de la función socio-cultural desempeñada por las ñapangas en la historia del sur, es válido reconocer en primer lugar el nivel de organización femenina a través de formas asociativas o de gremio. En 1865 se celebraban en Pasto festejos populares con motivo de la independencia nacional; el Cabildo asignaba a grupos e instituciones el cargo de los costos de cada día de fiesta. Una de las fechas les correspondió atender a las “señoritas ñapangas”, según reza en un volante anónimo de la época. En 1926, en desarrollo del festival estudiantil, surge el “Gremio de Ñapangas” como iniciadoras de las celebraciones. De neta extracción popular, las ñapangas, organizadas en gremios, constituían el alma y nervio del Carnaval Andino de Negros y blancos en San Juan de Pasto, hasta bien entrados los años cincuenta.

A. AMAZONAS

El departamento del Amazonas no ha adoptado un traje tipico determinado, en razón a la situación geográfica tan particular existente en la zona; El traje utilizado en eventos folklóricos resulta una mixtura de rasgos de los tres países fronterizos, pero aun no esta determinado como traje tipico del Amazonas. El vestir diario de sus pobladores corresponde al utilizado en los climas tropicales.

En la Amazonia también tienen un traje diferente en cada una de las comunidades indígenas. Por ejemplo: Los Ticunas antiguamente andaban semidesnudos, usaban orejeras de madera con plumas o elaboradas con placas metálicas, estos los distinguían de los clanes, era como el adorno corporal con brazaletes de dientes de animales, plumas y semillas, ante todo de parte de sus jefes.

Debido a la cercanía con Leticia, su vestimenta en la actualidad se asemeja a la de los blancos. Pero para celebrar sus rituales utilizan trajes de Yanchama (corteza de árbol) decorados con tintes vegetales. Estos trajes no tienen mangas y están rematados en sus bajos con unos grandes flecos de palma o de la misma hoja del árbol hecha tiritas que llegan casi hasta el suelo, completan el atuendo con máscaras elaboradas con el palo llamado topa, además de collares, coronas adornadas con semillas y plumas. Este traje lo usan de igual manera tanto los hombres, mujeres y niños indistintamente.

En la comunidad de los Yaguas, en esta tribu se usa la indumentaria más típica de la selva. Los hombres y niños con fibras de aguaje sueltas, se la colocan como una especie de falda felpuda adicionalmente en el cuello una especie de collar con esta misma fibra y en los tobillos igualmente; las mujeres una estrecha pampanilla (faldita) en tela común sin nada en la parte pectoral dejando al aire sus senos, lo mismo las niñas. Suelen estar pintados con frecuencia con el rojo achiote (colorante vegetal). A pesar de estar en frecuente trato con los blancos, son reacios a implantar el idioma, la vestimenta y las costumbres de los blancos.

En la actualidad las comunidades indígenas, tienen una marcada influencia por modo vestir del “blanco”, dado por la migración a las ciudades cercanas, que ha originado que ellos utilicen sus trajes típicos solamente en la práctica de los rituales característicos de su comunidad.

B. ANTIOQUIA

En la parte de Antioquia ubicada en la región Andina el traje del "arriero" antioqueño es el mas tipico, consta de pantalones de liencillo crudo, arremangados aún cuando no se esté “jornaliando”, manta listada, abarcas de cuero o alpargatas, camiseta de manga larga, sin cuello, confeccionada en bayeta blanca de rayitas rojas. Algunos accesorios comunes del hombre antioqueño se han convertido en símbolos arraigados de la cultura paisa como es el caso del carriel y el poncho. El carriel es un bolso pequeño de cuero y piel de tigrillo, ovalado en la parte inferior y con tapa en punta que le sirve de cierre. Su nombre proviene de los gringos que llegaron a trabajar en las minas de oro que lo llamaban el “carry-all”, que llegó hasta nosotros como el carriel, que aún se lleva cruzado al lado derecho y en cuyos compartimientos deben llevarse: “un cóngolo, la uña de la gran bestia, las muelas de la santa Polonia y los dados (para defenderse de los males y jugarse la suerte), la barbera, el mechero con yesca y eslabón, los naipes, la perica, la aguja capotera y la de arriar, el espejo de manguito de madera, la pipa o muía, el tabaco y las calillas y por supuesto la plata. En las secretas se guarda el retrato de la novia, los cadejos de pelo, estampitas de los santos, la novena de las ánimas. El delantal tapapinche hecho de lienzo grueso bordeado de badana o cuero, muy preciso para protegerse del peso de las cargas. El poncho es un cuadro de tela fresca y resistente con un orifico en la mitad, tipo ruana, generalmente blanca con líneas finas de color, que le permite al arriero cubrirse y protegerse del ambiente, las plagas y el sol. Este también se conoce como mulera ya que se usaba para taparle la cabeza a la mula mientras se enjalmaba y se cargaba, sus largas orejas debían salir por el orificio del poncho. El pañuelo raboegallo cuya calidad denotaba la prestancia del arriero. Eran de algodón finísimo y hasta de seda. El machete en su vaina de cuero con ramales al lado izquierdo. Y el perrero, zurriago o berraquillo, fiel compañero de sus andanzas como bordón, instrumento para arrear, o como simple adorno. El sombrero de paja de iraca, blanco, de Aguadas, con cinta negra.

La Chapolera, mujer que recoge café, es el personaje típico y representativo de la región andina que viste con falda negra larga decorada con cintas de colores o confeccionada con telas estampadas de vivos colores como zaraza, rúan floreado o percal colorido llamado “tutankamen”, queriendo significar su riqueza policromática y su diseño peculiar. Las blusas impecables, blancas, de escote cuadrado o redondo con mangas bombachas rematadas, como el escote, con encajes de Barcelona, letines o bandas de bolillo con pasacintas. Las trenzas eran muy importantes, anudadas con moños. El pañolón de merino para climas fríos y de anascote para los más cálidos tenía flecos y se llevaba alrededor de la nuca para dejándolo caer sobre las espaldas. Las candongas de oro eran obligatorias. Los fondos o corpiños lo mismo que las enaguas se hacían de coleta o crea blancas almidonadas adornadas con letines. La gente del campo anduvo generalmente descalza aunque las alpargatas han sido comunes desde hace unos siglos. Las de las campesinas paisas eran de suela de trenza de cabuya con capelladas de algodón blancas, amarradas con cordones o cintas negras.

En cambio en las zonas cálidas como Urabá, Magdalena Medio y Bajo Cauca se acostumbra usar pantalonetas o bermudas, camisetas en algodón, vestidos vaporosos con colores fuertes y sandalias.

Traje de pregoneras de Medellín
Una falda amplia elaborada en zaraza de algodón; blusa de manga larga y cuello alto; pantalón de jersey negro con flecos de cordón de seda; alpargates atados con cordón negro; como complemento del traje están: la canasta, la batea o el cajón donde se colocan los productos que ofrece.

Traje de barequera
Falda negra de tela gruesa de algodón; blusa adornada con boleros en las mangas y en el cuello; pañoleta para recoger el cabello; como complemento está la batea de mazamorreo.

Traje dominguero de campesina

Es encotado y de manga larga y se confecciona en seda brillante de color rosado; zapatos de trabilla que lleva colgados hasta la quebrada más próxima del pueblo en donde lava sus pies y los calza; como complemento una pequeña mantilla bordada en tul.

Traje de silletero
Pantalón de color oscuro, camisa blanca, ruana de lana, albarcas o zapatos; una silleta para llevar las flores y actualmente utilizan carriel.

C. ARAUCA

Trajes de antaño
El hombre llanero, como en muchos pueblos, se viste con una ropa para trabajar, apropiada para el oficio que va a realizar y también se viste con un traje dominguero.

Para el baile del joropo las mujeres se adornan con flores y se perfuman con aromas naturales (jazmín, albahaca, entre otras) o de frasco, desde alucema o cualquier alcohol perfumado, hasta delicados perfumes. Además de flores, utilizan para sus adornos cintas, peinetas y peinados; estos últimos tienen sus nombres de acuerdo a sus características. La blusa es de cuello bandeja que permite lucir cadenitas que hacen juego con los zarcillos. Todos estos adornos como los anillos son tradicionalmente de oro. Esta blusa baja hasta la cintura para ser cubierta por la parte alta de la falda suelta, que va hasta la media pierna. Zapatos o alpargatas cubren los pies mestizos de la mujer llanera.

El traje del llanero es generalmente de colores claros, preferiblemente blanco, las alpargatas de hilo y suela de cuero curtido y el sombrero de alas anchas, de castor o peleguama o de fieltro. En algunas regiones se usa todavía la faja ancha que sirve para portar el revolver y el cuchillo y por la parte interior para guardar el dinero. Está conformado por sombrero, liquiliqui, pantalón y alpargata.

El Sombrero: al que se llamó a la pedra o a la pedrada y que fue también de caña puntiagudo y blanco de alas anchas. Se sostiene que el sombrero de fibra fue introducido por Nariño, proveniente de Ecuador. Se han usado en el llano sombreros de todos los tamaños, de alas y copas y de todo material y forma. Sin embargo, ha predominado el de alas anchas y de material pesado como el “pelueguama” o de Castor y como el de fieltro. El sombrero debe ser un poco pesado para que no se caiga empujado por la brisa o sacudido por los saltos del caballo en una carrera.

El barbiquejo tiene poca aceptación en el llanero. Algunas personas, en ocasiones en que se hace necesario, atan el sombrero a la cabeza pasando un pañuelo que se anuda en la barbilla. Hay quienes lo adornan con borlas que cuelgan sobre la nuca, hay quienes lo adornan con plumas de garza o de pato y hay quienes le ponen cintas cuando son las fiestas de coleo.

La mujer usa sombrero pero para viajar. La mujer prefiere llevarlo con barbiquejo, o en su defecto lo ata con una pañoleta.

No se concibe el llanero sin sombrero. Puede ir descalzo pero con sombrero. Se descubre para saludar, para comer, al pasar un cortejo fúnebre, al oír el Himno Nacional, al entrar a una casa, a una oficina, a la iglesia.
D. ATLÁNTICO

El traje corriente de la mujer costeña en general, tenía características simples y semejantes a muchos de los trajes que se observan en otras regiones e islas del Caribe. Sus vestidos se confeccionaban en ocota, tafetán doblete o coleta de color único o estampadas, pero siempre en colores fuertes, preferiblemente rojo, con vivos contrastantes aplicados al borde de las fanales que remataban las faldas o polleras y las blusas. Estas últimas conservaban la forma de camisola de corte primario, muy suelto y escotado.

Traje del pescador costeño
Para el hombre costeño el oficio principal siempre fue la pesca, no solamente en las aguas del Caribe, sino en los ríos San Jorge, Sinú, Cauca y Magdalena entre otros. Usaban camisas de pecheras y de mangas largas, guayaberas o cotonas al estilo “borong tagalog” de las Filipinas.

El traje consistía en un pantalón de diagonal de algodón blanco recogido atrás en la cintura. Las chupas o camisas iban sueltas y largas sobre el pantalón, apuntadas al frente con pecheras de alforzas, cuello mandarín y mangas largas de puño cerrado.

Llevaban machete, mochila de colores y pañuelo al cuello. El sombrero vueltiao o corrosca de 15, 18 o 21 vueltas, se fabricaba y se fabrica aún con hojas de flecha en tres tonos.

Traje para la cumbia
Este, como los anteriores, tiene origen español. La falda era larga hasta los tobillos, muy amplia, rematada con boleros y hecha con zarzas, ruan florente o quizás cólico, ricamente estampado en flores.

La blusa era de lona o de batista, fina, muy blanca, larga hasta la cadera, ligeramente entallada y rematada con encajes, lo mismo que la gola del cuello. La pechera era alforzada, apuntada con botones pequeños de concha de nácar y las mangas a medio brazo.

Traje para el bullerengue
La forma de las polleras o faldas era la española, de varios órdenes, recogida y con mucho vuelo. Las mujeres iban descalzas, se adornaban el pelo con una flor y usaban candongas grandes de oro.

Vestido para bailar mapalé
La falda es una amplia pollera; la blusa escotada y adornada con arandelas o boleros en el cuello y en la cabeza lleva un pañuelo.

E. BOLÍVAR

El primer traje típico que usaron las mujeres zenúes fueron mantas hasta los pies y ceñidas en la cintura.

La gente de los Montes de María y las sabanas de Bolívar utiliza a nivel folclórico pantalón blanco, camisa blanca, mochila san jacintera, sombrero vueltiao y abarcas para los hombres, faldas amplias en las mujeres.

El negro
El traje típico de las mujeres negras, que ofrecen los deliciosos productos de la región a los turistas, consta de frondosas polleras de tela en colores vivos, ceñido en la cintura, que dejan desnudos los brazos y la parte superior del torso. Usan un pañuelo o chal de algodón, lana o seda.

Los hombres son informales para vestir; les gusta mucho las prendas de vestir anchas de colores muy llamativos y vistosos. Son muy extrovertidos y descomplicados para vestir.

Las niñas utilizan mucho los vestidos de una sola pieza con muchos encajes y los niños con pantalones cortos camisa o suéter.

El blanco
El hombre es muy formal para vestir, de pantalón en dril o telas suaves, jeans, camisas de tela suave y suéteres de telas frescas. El joven en su gran mayoría viste igual, pero se deja influenciar un poco más por la moda del jeans y los suéteres cortos y de colores alegres.

Las mujeres se visten de acuerdo a la moda. Por lo general, debido al clima, les gustan mucho las faldas cortas, con blusas cortas y suaves en colores.

El mestizo
En general también es un poco informal para vestir y muchas veces se deja influenciar por la raza negra, aunque algunos por el contrario por la raza blanca. Es un poco más serio a la hora de vestirse que el negro y utiliza colores menos vistosos, pero también le gusta usar mucho la ropa fresca y cómoda.

Al hombre del campo en tiempo de fiesta, especialmente a los mayores, les gusta mucho la camisa de manga larga en colores claros como el blanco, el crema y el rosado. Pantalón de colores serios como el blanco, marrón, negro, gris, azul oscuro o claro. Con abarcas y sombrero vueltiao o sino sabanero.

Y a las mujeres les gusta los vestidos enterizos hasta las rodillas o de dos piezas en telas de flores o estampadas, pero en colores bajos o serios.

F. BOYACÁ

Los chibchas del altiplano cundiboyacense cubrían cuerpos con faldas de telas de algodón listado y de muchos colores, las cuales ajustaban a la cintura con el “chumbe” o cinturón tejido en lanas y algodón; esta especie de anaco lo utilizaban los hombres hasta la rodilla y las mujeres hasta el tobillo. Las mujeres usaban una manta cuadrada llamada “chircate”, ceñida a la cintura; la faja “chumbe” y sobre los hombros un pequeña manta llamada “liquira”, prendida a los pechos con un alfiler grande de oro o plata.

Los hombres chibchas llevaban un largo poncho de lana que les llegaba hasta las corvas, para protegerse del frío.

Los vestidos españoles y chibchas de los siglos del coloniaje hispánico, con las influencias de las modas francesas introducían en las de los borbones y el siglo XVIII y otras europeas del siglo XIX, fueron conformando un traje típico del boyacense y recibió adaptaciones de acuerdo a la región.

El campesino boyacense viste de pantalón de dril, camisa de tela de algodón, alpargates, sombrero de tapia pisada y ruana de lana; en algunos casos la montera de ruana.

La mujer boyacense de los campos viste una falda de tela de algodón con amplios vuelos y adornada en la parte inferior con dibujos y aplicaciones de variados colores, blusa de algodón con bordados, pañolón o mantenilla, sombrero de caña o tapia pisada, alpargates blancos atados con galones negros. La campesina boyacense acomodada acostumbra una indumentaria en las telas y finos adornos, paño de castilla, cachemira o frisa.

El campesino boyacense usa la ruana, la cual tiene su origen en los largos ponchos chibchas y capote español. Son en general hechas en tonos oscuros y relativamente pequeñas.

El sombrero campesino boyacense es de tapia pisada hecho de trencilla de “palmiche” y fibra de palma de ramo o fique. También se acostumbra el sombreo de caña en algunos lugares del centro y valle de tenia.

Vestidos
El clima frío de la región caracteriza el vestido con una variada gama de colores, que obedecen a una tradición que se remonta a la época en que los chibchas utilizaban para sus ritos y ceremonias mantas azules, rojas y de otros colores que hoy se reflejan en pañolones, blusas, faldas y mantillas, que han sido constantes en los últimos cuatro siglos, y una especial tendencia a bordar, adornar y embellecer atuendos.

Las campesinas de la región visten falda negra y larga confeccionada con prenses; va con diferentes adornos, con muchos colores elaborados en cintas de artiseda, canutillos y mostacillas. Debajo de la falda se usa una enagua blanca con arandelas; la campesina de páramo usa además otra enagua interior de bayetilla roja.

La blusa es de manga larga con cuello y adornos de colores vivos, en la cabeza lleva una mantilla negra que llega hasta la cintura y sobre ella se coloca el sombrero de tapia pisada o jipa. Las alpargatas son de fique atadas al pie con galones negros.

Los hombres visten pantalón de paño oscuro, pantaloncillos con lienzo blanco amarrados a la altura del tobillo; la camisa es en tela de algodón blanco, siendo muy corriente la “cotano” de cuello militar con abotonadura sobre el hombro izquierdo. Los puños y el cuello van punteados en negro; también llevan pañuelo o rabo e’ gallo y ruana de lana virgen en tonos oscuros.

La montera la usan en el páramo y es de lana virgen de color claro, cubriendo la cabeza.

El negro fue base para resaltar la gama de colores vivos, permitiendo a los campesinos vestirse distinto y mostrar sus mejores galas alrededor de las fiestas patronales, las celebraciones familiares o simplemente días domingueros.

G. CALDAS


El traje típico del hombre Caldense es muy similar al del arriero antioqueño, utilizado por el colonizador en el siglo XIX, y consta de varios elementos que lo distinguen: pantalón de dril, camisa blanca, sombrero blanco aguadero, machete, carriel, ruana, alpargatas o quimbas, mulera y poncho.

El traje típico de la mujer es el de la chapolera o recolectora de café. Consiste en falda larga estampada de colores y motivos alegres, blusa blanca de manga larga con escote en la espalda y el pecho. El sombrero de fieltro o de suaza de jipijapa, para ambos sexos, es de uso común.

Los campesinos
generalmente usan la vestimenta típica desde hace siglos: las mujeres, faldas tableadas, alpargatas y sombrero y los hombres, pantalón de paño o dril, según la categoría económica, camisa blanca, ruana de lana o algodón y sombrero de suaza. Debajo de la ruana, al sesgo del hombro izquierdo a la derecha de la cintura, un guarniel de piel de nutria completaba el ajuar.

Los indígenas que habitaban la zona vestían generalmente liquiras (faldas), las mujeres, y túnicas los hombres. La pampanilla o guayuco era un taparrabo de la costa del Pacífico, ceñido a la cintura mediante una cuerda llamada verijera. Muchos chibchas usaban chircates (mantas), ajustadas a la cintura con chumbes (faja ancha). Se piensa que la ruana actual es una adaptación de las mantas chibcha y que el poncho lo introdujeron los quechuas yanaconas (indios al servicio de los españoles). El poncho quechua se obtenía cosiendo los huecos laterales de los oncos o camisas que llegaban hasta el suelo. La adaptación colombiana del onco quechua es el bayetón, prenda usada por los campesinos de posición, que llega a nuestros días.

H. CAQUETÁ
El primer traje típico de Caquetá fue la Cusma Prenda utilizada por los indígenas y colonos que habitaban esta región. Estas prendas fueron de uso especial en las fiestas folclóricas. En la actualidad este traje sigue siendo utilizado por las comunidades indígenas para sus ceremonias especiales.

Hombres: Se vestían cubiertos con un taparrabo elaborado de la corteza del árbol Cumare.
Mujeres: Cubrían su cuerpo con una falda confeccionada del mismo material que el traje de los hombres y el busto lo llevaban descubierto.

Los accesorios, collares, narigueras, coronas, sonajeros, bastones, eran elaborados artesanalmente con plumas, semillas y piedras preciosas que encontraban en el medio, dándose una vistosidad exótica muy auténtica de los habitantes de “la Puerta de Oro de la Amazonía”.

Actualmente, los pobladores de Caquetá se visten con prendas muy ligeras y cómodas, acordes con la climatología de la región (tropical – húmedo), no obstante, la comunidad en general está a la vanguardia de la moda.

Traje folclórico
En la actualidad, el traje representativo para la mujer está simbolizado de la siguiente forma:

Mujer: Blusa de color blanco en dacrón-hilo, estilo campesina, con escote en “V”, con los frutos de la tierra dibujados en su contorno (yuca, plátano, chontaduro, uva caimarona, flores y animales como la guacamaya, boruga, micos), arandelas en encajes dorados y plateados que realzan la belleza de la mujer que la usa; acompañada de apliques o pinturas que representan la biodiversidad en fauna, flora y recursos naturales del departamento.

La falda es de color azul aguamarina, rotonda, terminada en encajes dorados y plateados; el azul representa la riqueza hídrica. Sobre la falda van apliques elaborados en altorrelieve, con la figura de especies acuáticas de la región, y sobre la falda va la atarraya, herramienta con el cual los pescadores obtiene este recurso de los ríos y lagunas.

El calzado consta de alpargatas de fique. Como accesorios, la mujer lleva un tocado de flores tropicales para darle alegría a su conjunto.

Hombre: El hombre usa una camisa de color blanco, manga larga, confeccionada en dacrón-hilo, adornada con encajes e hilos dorados. El pantalón es blanco, en lino, y lo usan arremangado arriba del talón.

El calzado es un par de alpargatas de fique blanco. En su cuello lleva un rabo’e gallo en satín de color rojo. El cinturón es de cuero color café con hebillas; como elementos fundamentales del caqueteño en su representatividad folclórica son el poncho, el machete al cinto y un sombrero campesino de ala.

Los trajes indígenas son el taparrabo, para los hombres, y falda de corteza y de cumare para mujeres y hombres, adornos de plumas y semillas en brazos y piernas además de pinturas como el achiote.

El traje folclórico que consiste en una falda de color azul con peces de los ríos como adorno, y una blusa con cuello en “V” con los frutos de la tierra dibujados en su contorno. El hombre tiene un vestido similar al usado para los bailes de la Zona Andina colombiana, que consiste en pantalón blanco, camisa blanca con pechera, sombrero y alpargatas. En el año 2.000 hay una nueva propuesta de traje folclórico para la mujer, consistente en una falda de color verde con los frutos y flores de la tierra como adorno y la blusa blanca con encajes y cuello redondo. Este traje se utiliza en las festividades de San Pedro que se celebran a finales del mes de junio y que incluye reinado y bailes populares.

I. CASANARE

El pueblo llanero se viste con una ropa para trabajar, como en todos los lugares, dependiendo de su condición económica.

Bien sabemos que el folclor no es estático, es dinámico, es decir que evoluciona, adaptando, adoptando y creando. Dicho lo anterior, se puede agregar que el llanero ha usado los siguientes trajes:

Traje para la mujer
La mujer llanera de clase media nunca tuvo un traje especial como el de la ñapanga colombiana.

El vestido de la mujer ha sido siempre muy sencillo, unas veces la bata está hecha en tela de textura suelta, de colores claros y generalmente de flores pequeñas, manga corta y cuello bandeja; otras veces de dos piezas: una falda hasta la rodilla, un tanto amplia, hecha en telas de colores claros y una blusa de cuellos discretos y manga corta. Ésta es de un solo color, aunque no necesariamente, y comprende adornos complementarios, como el encaje. Calza alpargata de hilo negro y también zapatos de tacón bajo. Lleva zarcillos no muy grandes, cadenas y anillos. En la sabana predomina la alpargata, que lleva con gusto, pues le da soltura y donaire al caminar.
Las sabaneras poco se pintan. En cambio, las vegueras y las pueblanas se maquillan en su mayoría. Todas usan perfumes tanto naturales (las sabaneras prefieren la albahaca, el jazmín, el mastranto, y otros) como los elaboradores por perfumistas de sello comercial.

Para el joropo, las mujeres se adornan con flores; también utilizan para sus adornos cinta, peinetas y peinados; estos últimos tienen sus nombres de acuerdo a su característica. La blusa, como es de cuello bandeja, le permite lucir cadenas que hacían juego con los zarcillos. Todos estos adornos como los anillos eran de oro. La blusita de tela fina bajaba hasta la cintura para ser cubierta por la parte alta de la falda suelta, que iba hasta la media pierna. Zapatos o alpargatas cubren los pies mestizos de la mujer llanera. Sin embargo, con el pasar del tiempo el vestuario ha evolucionado en algunos aspectos.

La mujer usa sombrero para viajar. Prefiere llevarlo con barboquejo o, en su defecto, lo ata con una pañoleta.

Traje para el hombre

El hombre del campo adoptó un traje a sus necesidades, en las valerosas épocas del Catire Páez. Cachicamita (camisa de llanero rico casanareño) amplia y calzón de raída bayeta verde, como lo describe el propio general, visten a los ardientes llaneros de las queseras del medio. De este traje encontraremos un hermano muy parecido en tierras colombianas, a través de las acuarelas del pintor Manuel Ancízar para la comisión corográfica del año 1850.

En estas acuarelas vemos, entre otros personajes, a los llaneros de Casanare luciendo amplia blusa roja, pantalón azul, ensanchándose en la rodilla, para dejar ver el volado blanco del calzón; un pañuelo de madrás apretado a la cabeza y un sombrero blanco puntiagudo. Todo el mundo conoce el libro “El Llanero” de don Miguel Mendoza, atribuido a Rafael Bolívar Coronado y su hermosa descripción del llanero rico: pañuelo de madrás floreado anudado a la cabeza, bajo el pelo de Guama o el sombrero de palma metida tejido por indias cojedeñas; la cachicamita de cuello angosto cerrado por junticas de oro. La misma abotonadura de oro rematando esta camisa rizada y trabajada de mil primores, hasta con bordados de hilo de oro. La misma abotonadura o bien una cadena con moneditas de oro se vuelve a encontrar a lo largo de la costura del garrací, el cual termina por la llamada uña de pavo.

El traje del llanero es generalmente de colores claros. El hombre le ha dado preferencia al blanco. El término blanco se le da en Casanare al dueño de hato y su familia, y por extensión al que no vive de la faena llanera, y tiene algún poder.

En el hombre fueron blancos los pantalones y la camisa, y completaron su atuendo las alpargatas de hilo y suela de cuero curtido y el sombrero de alas anchas, de castor o pelueguama o de fieltro. Se hacen referencias a sombrero de fibra.

La franelita de colores también la ha llevado el llanero del pueblo, así como los patrones; usaban una blusa de tres botones que se diferenciaba de los sacos de ahora porque se ajustaba cerca de la barba en un cuello casi militar y remataba su tercer botón frente al ombligo, desde donde se abría un poco el corte hacia afuera. El pañuelo “rabo e’ gallo” se usó mucho al cuello.
Vemos pues, cómo aparece un nuevo tipo de llanero con botas, sombrero y correa ancha: tejanos; de vez en cuando vemos el pañuelo y ya ha vuelto a aparecer una reminiscencia de la camisa cachicamita que llevara el casanareño rico, allá por 1800: el cachicamito.

Se han usado en el llano sombreros de todo tamaño de alas y copas; y de todo material y forma. Sin embargo, ha predominado el de alas anchas y de material pesado. El sombrero debe ser un poco pesado para que no se caiga empujado por la brisa o sacudido por los saltos del caballo en una carrera.

Hay quienes lo adornan con bolas que cuelgan sobre la nuca; y otros que lo adornan con plumitas de garza o de pato, y hay quienes le ponen cintas cuando son fiestas de coleo.

No se concibe un llanero sin sombrero. Puede ir descalzo pero tendrá sombrero. Se descubre para saludar, para comer, al pasar un cortejo fúnebre, al oír el Himno Nacional, al entrar a una casa, a una oficina, y a la iglesia.

El nombre de cachicamita que se le dio a la camisa del llanero rico casanareño, recuerda al cachicamo, animal propio de la fauna casanareña, cuya caparazón parece haber sido hecha de zurcidos, tal como es la camisa de pliegues que van en el pecho.

El pantalón era hecho de algodón y en pinta de rayas, que dejaba destacar el pantaloncillo de lienzo burdo.

Las abarcas fueron reemplazadas por las alpargatas de hilo. Bien sabemos cómo el folclor es golpeado duramente por el espectáculo, en razón meramente comercial. De ahí que el pantalón blanco de dril, la camisa blanca común y corriente, el sombrero de fieltro y las alpargatas que usa el llanero, no tengan valor comercial para la presentación de espectáculos.

El uso de la faja ancha está en vía de extinción, así como la camisa blanca, que está siendo reemplazada por camisas y franelas de colores.

Este prototipo llanero ha ido calando entre los jóvenes que ya salen al pueblo o a las capitales del llano luciendo botas de tacón cubano, de gran laboreo, o tejanos.

J. CAUCA
Vestuario Páez
Traje de ñapanga de Popayán
La falda de bayeta de la tierra es tejida en lana de vistosos colores; la blusa es escotada y con boleros, las mangas son de tul bordadas y bordeadas con cintas; la chalina es de encajes blancos; los alpargates son sencillos; llevan adornos de oro en el cuello y las orejas. Traje de Barequera de Guapi: cogen una tela larga y la enrollan alrededor de la cintura; tienen un ligero peto que les deja la espalda libre; utilizan el sombrero clásico de la zona que es elaborado sobre armazón con hojas de 3 colores. El traje complementa con una batea de barequear.

K. CESAR

El traje típico de los habitantes de la región de Cesar es por excelencia el traje de Piloneras, el cual consiste en lo siguiente:

Traje para la mujer
Chambra, compuesta por dos piezas; la blusa de talle largo, la cual termina en una arandela, de tonos estampados, de flores pequeñas o grandes, las mangas tres cuartas. La falda tiene tres boleros terminados en encajes o letinos.

Como calzado se utilizan las baletas, que se elaboran en tela de lona con suela plana de cuero.

La mujer siempre lleva un adorno en la cabeza, el cual suele ser una pañoleta acompañada de flores como lirio, la flor del cañaguate, la trinitaria, el coral o la cayena.

Traje para el hombre
Pantalón blanco, camisa blanca, una pañoleta color roja anudada sobre el cuello de la camisa. El hombre lleva un tocado en la cabeza llamado casquete, con flores de distintos colores elaboradas en papel cometa.

Traje de la mujer para uso diario
La mujer cesarense viste de acuerdo al clima de la región. Para uso diario se viste con pantalón y blusa, con falda y blusa, o vestido entero, de acuerdo a la moda que se lleve en el momento o época. Las telas del vestido de la mujer cesarense son casi todas de cotón u olán de hilo, muy suave y fresco por razón del clima, que oscila entre 37 y 38 grados centígrados.

Los zapatos son siempre estilo sandalias, abiertos hacia delante y atrás de acuerdo a la moda. Siempre, para uso diario lleva cartera grande o pequeña de acuerdo a la moda y al gusto, pero siempre es un accesorio que no le falta para salir.

La mujer cesarense usa accesorios como pulsos, reloj, cadenas, anillos, collares al gusto y a la moda para el embellecimiento personal. En su cabeza también lleva accesorios como ganchos, binchas o colas de caballo.

Traje de la mujer para festividades
La mujer cesarense para festividades especiales usa vestidos, falda y blusa o vestidos enteros elaborados con lino muy fino, en un solo color o en colores estampados.

La cartera es un artículo indispensable para el buen vestir de la mujer cesarense. La lleva de acuerdo al color del vestido y los zapatos. Los zapatos para festividades casi siempre son cerrados y tacón alto.

Cabe anotar que si la fiesta es de noche y si es una ocasión especial como bodas y otros acontecimientos importantes dentro de la sociedad, la mujer cesarense usa vestido largo, con cartera y zapatos de acuerdo el color del vestido.

La mujer Cesarense usa accesorios como pulsos, reloj, anillos, collares al gusto y a la moda para el embellecimiento personal.

Traje del hombre para uso diario
El hombre cesarense es muy sencillo para vestir en el uso diario. Siempre lleva camisa manga corta de un solo color o colores estampados de telas muy suaves y frescas por razón del clima; pantalón largo, medias y zapatos de acuerdo al color de su pantalón.

Traje del hombre para ocasiones especiales
El hombre cesarense para ocasiones especiales usa vestido de lino entero (pantalón y saco del mismo color) en tonos suaves o blanco por razón del clima. Para este vestido usa camisa manga larga, la cual va de acuerdo al color del vestido y corbata. Las medias y zapatos de acuerdo a la moda, el gusto y el color del vestido.

Cabe anotar que si la fiesta es de noche y si es una ocasión especial como bodas y otros acontecimientos importantes dentro de la sociedad, el hombre cesarense usa vestido smoking, con zapatos y medias de color negro.

Traje de minorías étnicas o comunidades indígenas

Traje de las indias arhuacas
El vestido que usan las indias arhuacas es auténtico, elaborado por los mismos indígenas. Se usa una manta cruzada elaborada en lana de oveja, la cual se adorna con mochilas tejidas por ellas mismas. La mujer también usa collares de varios colores y en la cintura usa un fajón delgado elaborado en curricán. La mujer arhuaca siempre anda descalza.

Traje de los indios arhuacos
El hombre utiliza su manta tejida en lana de oveja con adornos de color marrón de la misma lana, pantalón del mismo material de la manta. Siempre encima de su vestido lleva mochilas tejidas por las indígenas arhuacas. La faja, cuyo nombre indígena es Cuyina y la cual lleva en la cintura. El sombrero o toczuma lo usan siempre en la cabeza.

Nunca salen sin su mochila terciada al cuerpo. Las mochilas o totu le sirven para guardar sus objetos personales y una especial para el poporo, que consiste en un calabacito con conchas de mar molida y hojas de coca que el indio chupa permanentemente. El poporo es el símbolo del sexo y es entregado en ceremonia especial a los hombres cuando llegan a la edad apta para la vida sexual.

El indígena arhuaco se calza siempre con abarcas elaboradas en suela de caucho de llantas, con correas hechas en cuero curtido.

Traje de los indios motilones o yukpa
Este grupo habita en la Sierra de Perijá. Anteriormente, ellos vestían con una manta pequeña elaborada en cotón, que les llegaba hasta los pies, pero en la actualidad ellos se visten de civil como las otras personas.

Traje de las indias kogui
Una manta cruzada elaborada en cotón, la cual se adorna con mochilas tejidas por ellas mismas. La mujer también usa collares de varios colores y en la cintura usa un fajón delgado elaborado en curricán.

Traje de los indios kogui

El hombre utiliza su manta elaborada en cotón, el pantalón del mismo material de la manta. Siempre encima de su vestido lleva mochilas tejidas por las indígenas arhuacas. La faja, cuyo nombre indígena es cuyina y la cual lleva en la cintura. El Sombrero o toczuma, que siempre usan en la cabeza.

Las mochilas o totu, que sirve para guardar sus objetos y una especial para el poporo. Éste consiste en un calabacito con conchas de mar molida y hojas de coca que el indio chupa permanentemente. El poporo es el símbolo del sexo y es entregado en ceremonia especial a los hombres cuando llegan a la edad apta para la vida sexual.

Los indígenas kogui se calzan siempre con abarcas elaboradas en suela de caucho, la mujer anda con el pie descalzo.

La diferencia con el vestido de los koguis es únicamente el cambio de material por razón de clima, uno de lana y los otros de algodón.

Traje de los indios wiwa
Pantalón largo y una manta de cotón encima como camisa. Siempre portan mochilas elaboradas por las indígenas, así como sombrero de caña. Usan como calzado abarcas elaboradas en suela de caucho de llantas con correas en cuero curtido.

Traje de las indias wiwa
La mujer wiwa usa su manta de cotón siempre con sus mochilas terciadas sobre la manta, elaborada por ella misma en lana de ovejo. Algunas usan collares como adorno personal, siempre andan descalzas.

L. CHOCO

Para el hombre

Traje para la mujer
M. CÓRDOBA

El vestuario típico en la danza hace parte de la artesanía cordobesa gracias a su elaboración y su colorido, que generan un vínculo estrecho entre el espectador y los individuos.

Los trajes representativos de cada danza han ido evolucionando a través del tiempo. Los avances de la moda han ido dejando atrás los trajes campesinos, al punto de haber perdido vigencia en actualmente.

Trajes del fandango, el porro y la puya

Vestuario femenino
Paralela a la labor de rescate de los movimientos propios de las danzas sinuanas, se llevó a cabo la selección del traje que deben lucir las bailadoras y bailadores de fandango sinuano, mediante la acción participante de la comunidad, que intervino en la búsqueda de “archivos de baúl”, revisión y diseño de las prendas, para obtener una muestra representativa del modelo que más se ajustara a las necesidades de la danza.

Falda amplia en corte canesú: compañera inseparable de la camisola.

Se encuentran faldas rizadas al talle, de cuchillas, rotondas, en corte canesú, con fajones o rejos para ajustar a la cintura, de colores vivos, floreadas o combinadas, en telas suaves con adornos en tira bordada y cintas.

Pollerín: es una prenda interior herencia de los antepasados zenúes.

Vestuario masculino
En Montería, a principios del siglo XX, los señores usaban el saco cotón o liqui liqui, sombrero cubano y zapatos negros. Sin embargo, el campesino sinuano y sabanero vestía camisa de pechera, sombrero vueltiao y abarcas tres puntá. Por supuesto, estos trajes se modificaron debido a las actividades masculinas y menesteres del campo y la danza.

Pantalón: blanco o caqui, de bocas rectas con dobladillo, sin bolsillos traseros, con relojera, sostenido en la cintura con un par de rejos de la misma tela que pasan por dos hebillas doradas. También se usa el pantalón de botas rectas, con pliegues a la cintura, bolsillos delanteros y traseros y pasadores para el cinturón.

Abarca tres puntá: con este nombre se designa a una especie de sandalia elaborada en cuero, con suela de tres hoyos o puntadas por donde pasan los rejos. Se elabora en Tuhín, corregimiento de San Andrés de Sotavento, por los zenúes.

Sombrero vueltiao: fruto de la artesanía zenú conocido internacionalmente hoy día. La materia prima es la fibra de la caña flecha, se teje trenzado con un número impar de pencas llamadas pares o pies, alternando los colores blanco y negro.

N. CUNDINAMARCA
Traje campesino

El traje campesino combina de modo latente elementos de los trajes hispánicos e indígenas; del recato femenino común a las mujeres aborígenes y de descendencia española, y del profundo arraigo al campo, duro y frío de los altos Andes, pero que para el morador de estas tierras no es solo tierra, sino también patria.

Aunque el clima templado determina trajes de telas gruesas, mantillas y sombreros que justifican más la necesidad de abrigo que el sentido ornamental, hay una deliciosa combinación cromática, en la que el blanco y el negro colaboran a hacer más vivaces y significativos el ocre de la vasija de barro y el rosado brillante de la blusa de la mujer que lleva los instrumentos de tejer.

Además del clima, el trabajo diario también es uno de los factores que hacen que los individuos cundinamarqueses se vistan de determinada manera. Es lógico; las labores comunes del campesino están asociadas con la tierra; por ello, las prendas que se usan frecuentemente son de color oscuro y algo gruesas para soportar las duras condiciones laborales.

Entre tanto, la chicha, bebida ritual de uso constreñido a príncipes y sacerdotes, y permitida al uso común sólo en fechas de fasto, es utilizada a rodo para suplir aparentemente deficiencias alimenticias y ahogar la humillación. Llega a hacerse imprescindible en la vida diaria, en los viajes y en las horas de soledad. En calabazos pequeños, a manera de cantimplora, el campesino lleva consigo la medida de chicha y con ella un tósigo que lo embrutece y aniquila.

El trabajo agrícola, la sumisión y la penuria no demandan muchas exigencias en materia de vestuario y así, con el aprovechamiento de las telas fabricadas en los telares domésticos, las mantas y camisetas primitivas sirvieron de base para la confección de un nuevo traje que se fue perfilando hasta conformar el atuendo del campesino cundinamarqués, que consta de: pantalón de dril de color oscuro, camisa de algodón, ruana de lana, alpargatas, sombrero de paja y bordón o garrote fuerte.

Originado en el Ecuador, pasó a Pasto y desde allí a Suaza, en el Huila, Aguadas en Caldas, Velez y Bucaramanga en Santander y Guaduas y Villeta en Cundinamarca, lugares en donde las condiciones de la paja y la habilidad de los tejedores permitieron el florecimiento de la industria de sombreros, con variedad específica en cada zona.

De procedencia española, su uso se generalizo en las clases populares y adquirió variantes de mayor distinción en la población criolla, particularmente en la tela y adornos de la capellada.

Traje de la campesina
Corresponde a las necesidades del clima, que exige un mayor abrigo. Tradicionalmente se usó para la confección de la falda una bayeta tejida en telares domésticos, aprovechando la lana de los rebaños que se crían en sus parcelas; hoy la bayeta ha sido reemplazada por telas de fabricación nacional.

El traje consta de falda con adornos bordados a mano, en variedad de colores y diseños. Los motivos que ornamentan las franjas de adorno corresponden a temas simplificados, utilizados por los primitivos habitantes de la región y representativos de figuras simbólicas de la mitología aborigen. Las enaguas también son bordadas con motivos semejantes y en colores variados. La blusa hecha en tela blanca lleva un amplio escote engalanado con bordados multicolores y franjas en el cuello y en las mangas. La cabeza va cubierta con una mantilla negra, y sobre ésta jipa de alas planas; alpargatas blancas amarradas con galón negro complementan el vestido. El cabello va dispuesto en dos trenzas que rematan con lazos de cinta roja; aretes y collares vistosos.

Actualidad
El vestido en el departamento de Cundinamarca sigue supeditado a diferentes factores como clima, trabajo, o las actividades diarias de los habitantes de cada municipio. Sin embargo, con el paso del tiempo, la llegada de medios masivos de comunicación y la influencia que tiene de la Capital, hacen que el vestido cundinamarqués se encuentre más a la moda. Es decir, que la Capital de la República crea unos hábitos de consumo en cuanto al “vestir” diario que son adoptados por su zona de influencia; que en este caso serían los diferentes municipios de Cundinamarca. Esto se observa sobre todo en los adolescentes, que crean su estereotipo de moda según el personaje del momento.

Infortunadamente esto no sólo afecta a los adolescentes (aunque sea en ellos en donde más se observa este fenómeno), sino a todos los habitantes de modo diferente. Algunos, por ejemplo, encuentran en el jean la prenda perfecta para soportar las condiciones laborales propias del campo; otros usan gorras en lugar de sombreros, tenis a cambio de zapatos, entre otros. Estos nuevos implementos del individuo hacen que se pierdan para siempre algunos otros que eran propios y auténticos de los campesinos, tales como la ruana y el sombrero.

Aún se puede encontrar en los municipios cundinamarqueses campesinos con los accesorios tradicionales. Como se puede observar, el hombre lleva sombrero, ruana con camisa debajo, pantalón oscuro y zapatos de algún material resistente. La mujer, al igual que el hombre, lleva sombrero. La falda puede ser de cualquier color, al igual que la blusa o camisa. Los zapatos son destaconados para el descanso. El hombre cundinamarqués actualmente se viste de la siguiente forma: pantalón de dril o jean, camisa, zapatos y en ocasiones sombrero.
Indígenas

Así como en los casos anteriores, el vestido de los indígenas también ha variado; ahora se viste como cualquier persona común. Viste ropa de usanza general, con todos los accesorios que esto significa: reloj, celular, entre otros.

Otra cosa es cuando se llevan a cabo las celebraciones. Para estas ocasiones se colocan su ropa tradicional, que se compone de una túnica con estampados vistosos, alpargatas o cotizas, y llevan adornos especiales como una corona de plumas, collares y manillas de caracoles o semillas. Además, llevan su mochila o morral con algunas cosas adentro como mambe, que es una comida propia de ellos o coca; además llevan sus cosas personales.

Traje típico de Bogota
El traje típico de la mujer bogotana consta de una falda negra ancha y adornada con boleros también de color negro; la blusa es blanca con adornos en forma se anillos bordados tanto en el cuello como en las mangas; sombrero jipa; alpargatas atadas con cordones y un pañolón negro elaborado en macramé.

El vestuario actual en Bogotá es muy heterogéneo, al ser la capital del país y una metrópoli de grandes dimensiones evoluciona en todo sentido y especialmente en lo que se refiere al mundo de la moda.

Se llevan a cabo diversos eventos y ferias internacionales y nacionales especializados en diseño, actividades como El círculo de la moda celebrado cada año, o Bogotá Fashion y desfiles independientes que promueven las nuevas creaciones de jóvenes diseñadores locales.

Observaciones sobre el vestuario bogotano de mediados del siglo XIX, Carl August Gosselman.

“Al pasearme por la calle real, la principal de Bogotá, me he entretenido mirando los contrastes del vestuario, que me llevaban a pensar que mediante esa apreciación pueden encontrarse los hábitos característicos de cada zona. Es así como puede observarse a un señor envuelto en su capa azul y cubierto con un negro sombrero muy bien puesto en su cabeza, avanzar suelto y pausadamente, al tiempo que a su lado camina un personaje cuyo sombrero de raíces livianas y saco sencillo de lino parecen dar a entender que no lo considera molesto. Para ellos tampoco tiene importancia. En sentido contrario veo venir grupos de mujeres que traen sus cabezas libres y llevan vestidos livianos, a pie descalzo o con alpargatas, las que parecen mirar con envidia el vestuario de las damas elegantes que caminan delante de ellas. Estas últimas traen sobre sus cabelleras un sombrero, visten falda negra de seda como las medias, una mantilla y zapatos. Miro más adelante y contemplo algunas señoras que se visten a la usanza europea. El sombrero tan tradicional ha dejado su lugar a uno de gran colorido y plumas teñidas del mismo color que éste, o bien usan sombreros con flores artificiales, al tiempo que la mantilla ha sido reemplazada por una vivaz pañoleta de colores que se anuda lo mismo que las mantillas, con una de sus puntas metida bajo el sombrero, la del medio mantenida sobre el pecho y la de más abajo colgando coquetamente por la espalda.

Las gentes de la capital, cuya sangre española se halla mezclada con más o menos gotas de sangre india, tampoco en la indumentaria se distinguen en modo alguno de los europeos, y, por el contrario, tratan de superar a éstos en el refinamiento de su aspecto exterior. En efecto, al extranjero le llama inmediatamente la atención el gran número de señores ataviados con elegancia y finamente compuestos. Allí se ve a los comerciantes, reunidos en grupos en la calle, ante los edificios del gobierno o a la entrada de los bancos. Y luego la caterva de los políticos, gentes desocupadas y sin profesión, la plaga de este hermoso y buen país, que acaso antes, bajo aquella o la otra administración, han ostentado un cargo oficial y que ahora están a la espera y urden intrigas hasta que un nuevo período, de los que ordinariamente cambian la provisión de todos los cargos, les vuelva a colocar en algún empleillo. Se ve también a los estudiantes universitarios y alumnos de los diferentes centros de enseñanza media; todos ellos gustan de vestir bien y no les desagrada la vida callejera. Hay que agregar la gran legión de los poetas, los muchos maestros y catedráticos, los periodistas, abogados, médicos, agentes, etc., sin olvidar a aquellos privilegiados que no hacen nada absolutamente y cuya atildada y compuesta apariencia es el mayor misterio del mundo. Menos monótono resulta el atuendo de los que se envuelven en la capa española y saben llevarla bien, cosa no muy fácil. Entre los criollos abundan las figuras nobles y hermosas; hombres de complexión fuerte, pero fina, de tez transparente, ligeramente tostada, bella nariz, abundoso cabello negro y oscura barba; de cuando en cuando se ven también rubios (monos) de aspecto normando. Su paso es elegante, su voz agradable, su habla vivaz, teñida de cierta indolencia. En todo su aspecto hay algo sereno, abierto, cordial, simpático.
De vez en cuando pasan jinetes, con su pintoresco traje de montar o con indumentaria de viaje, cabalgando sobre corceles, las más de las veces, de buena raza, pequeños, esbeltos y de soberbios cuellos.

El traje de montar europeo empieza a introducirse poco a poco y sólo se lleva para cabalgadas por las cercanías de la ciudad. Otras personas montan sin ningún atavío especial, como hacen los médicos, que se sirven del caballo, incluso por las mismas calles de Bogotá, para realizar más prontamente su visita. Y también alguna vez se ven amazonas, elegantes y diestras en el dominio de sus cabalgaduras.

Las jóvenes bogotanas de raza blanca que encontramos cuando van de compras o a la iglesia, pueden calificarse, en su mayoría, de muy hermosas. Son pequeñas, pero de elegante figura, la que, sin embargo, no se manifiesta suficientemente, debido a que la bogotana viste por la calle de modo muy sencillo y de negro. Sus atavíos más lujosos los reservan para el salón o el teatro. Del torso a la cabeza, a veces envolviendo a ésta enteramente, cumple su cometido la inevitable mantilla, frecuentemente ornada de preciosos encajes, y cuyos delicados pliegues insinúan lo inaccesible, accesible al propio tiempo, de su condición. A través de esta negra veladura, mira el expresivo rostro. El cutis de las auténticas bogotanas, cuyas familias residen desde mucho tiempo en la capital, es pálido, transparente y mate. Las muchachitas cuyos padres se desplazaron del campo a la ciudad desde hace una o dos generaciones, se distinguen por sus mejillas rojas y de suma delicadeza, que florecen como rosas sobre la tez blanca. Los ojos, siempre fascinadoramente bellos, amables y un algo burlones, son castaños o negros y muy brillantes. Las trigueñas y las rubias abundan menos.

Las señoras mayores y las matronas, a las que desatentamente no he nombrado hasta aquí, van también de negro, color que, por supuesto, les sienta muy bien, y no tienen nada que envidiar a las europeas ni en dignidad ni en nobleza de talante.

Mucha menos atención dedica el forastero a los pobres indios de raza pura, atraído principalmente por la contemplación de la gente blanca o mestiza. El forastero siente instintivamente que se encuentra, más que frente a seres individuales, frente a una masa que gusta de deslizarse lo más silenciosa y humildemente. El indio, "civilizado" y "convertido" al cristianismo, lleva toscos calzones de un tejido de fabricación casera. Su camisa está casi siempre sucia. Sobre ella viste la ruana, prenda cuadrada, fuerte y de color oscuro, con una abertura en medio, por donde se introduce la cabeza (el poncho mejicano). El indio va descalzo o lleva una especie de sandalias (alpargates). Predominan los hombres de constitución fuerte, de tez de tono cobrizo o aceitunado, cabello lacio y corto, escasa o ninguna barba y ojos vivos que expresan su carácter astuto, algo indolente y muy desconfiado. Las indias jóvenes raramente rebasan la estatura mediana, pero tienen bastante buena figura, si bien son algo toscas y torpes. Los rasgos y expresión del rostro presentan caracteres de gran regularidad y hasta de hermosura, y el pelo, aunque no muy cuidado, es bello y negrísimo. Su indumento es de lo más sencillo; el torso se cubre con una simple camisa, o a veces con una tosca mantilla negra. En la ciudad las indias trabajan como sirvientas y lavanderas, y entonces van mejor vestidas y más limpias. Pero las viejas presentan un aspecto de lamentable abandono y de suma fealdad. A los indios se les ve en los barrios extremos, agrupados a docenas en algunas de las muchas tabernas o tiendas, de pie junto al mostrador tomando la bebida popular, la chicha, un líquido amarillo y espeso, parecido al vino nuevo y hecho de maíz fermentado; es de fuertes efectos embriagantes. A veces los vemos conduciendo por la ciudad sus mulas, éstas bajo el peso de grandes cargas. Otros llevan a cuestas jaulones con gallinas o cargamentos de leña, carbón u otras mercancías. El correspondiente fardo lo sujetan con una correa que se apoya sobre la frente. Curvados, con un paso ligero y corto como un trotecillo, caminan hacia la plaza del mercado, donde constituyen el elemento humano más numerosos y donde se muestran en su ambiente y algo más desenvueltos".

O. GUAINIA

Los nativos del departamento de Guainía, que antes de la colonización eran las comunidades indígenas, no usaban vestuario. Los indígenas de esa época (hasta el año de 1950) usaban taparrabos en corteza de árbol; las mujeres llevaban descubierto todo su torso; esto era muy común, por lo tanto este comportamiento no causaba malicia alguna; inclusive se bañaban en el río totalmente desnudos.

Aunque los tiempos y las costumbres se han modificado en las comunidades indígenas, aún prevalecen en la memoria tradicional del pueblo nativo los trajes ceremoniales que van atados a la danza, la música, los rituales y toda una serie de lenguajes mitológicos que perduran en muy pocas comunidades del departamento.

Los trajes indígenas para el hombre siguen siendo el taparrabo en corteza de árbol y para la mujer vestido de dos piezas (falda y blusa en corteza de árbol y de cumare); de igual manera, llevan como accesorios adornos de plumas en sus coronas y brazaletes, y sonajeros de semillas en brazos y tobillos, complementados con pinturas naturales sobre sus cuerpos, especialmente sobre sus rostros.

Traje de comunidades indígenas
El vestuario tradicional con los que las comunidades realizan sus rituales dancísticos consiste en trajes elaborados en una fibra extraída de corteza de árbol, que a manera de tela se deja moldear en la fábrica del vestuario ceremonial apropiado para las fiestas del Yapurutú y otras danzas tradicionales. Los trajes son complementados con simbología ancestral que se plasma en pinturas vegetales naturales, que se extraen de arbustos silvestres, como también se adornan con semillas silvestres y coronas emplumadas para el caso de los hombres. Las mujeres y los hombres acostumbran a pintarse el rostro y el cuerpo con los tintes naturales, utilizando ciertas figuras que tienen un significado mitológico de alta representación histórica y cultural para su comunidad.

Traje de la mujer indígena
Para las ceremonias de las comunidades que aún conservan sus costumbres utilizan falda de corteza de árbol, a la cual le pintan figuras rupestres. La blusa, en forma de brasier de la misma corteza de árbol, decorada con pepas y semillas de la región y colores de pinturas sacadas de los tallos de los árboles de la selva. Sin embargo, dentro de los trajes cotidianos que utiliza la mujer indígena se encuentra un vestido enterizo en telas muy ligeras y generalmente de colores de un solo fondo. Vale la pena resaltar que no usan brasier ni calzado.

Traje en el hombre indígena
Al igual que las mujeres, los hombres en fiestas y ceremonias especiales utilizan sus trajes tradicionales, que por lo general es un taparrabo en corteza de árbol, sonajeros con semillas naturales amarrados a sus tobillos derechos, brazaletes y coronas adornadas con plumas de aves silvestres. Los hombres andan descalzos en sus comunidades.

Danzas indígenas de Guainía
Danza del Rayado, Danza del Cocurito, Danza del Carrizo Mayor y Danza del Yapurutú.

Danza tradicional
El departamento de Guainía, y en especial las comunidades indígenas, cuentan con danzas ceremoniales tradicionales de gran importancia que afianzan y fortalecen la identidad cultural de los pueblos indígenas de la región.

La Danza del “Yapurutú”
El “Yapurutú” es la memoria del Dabucurí, un relato musical y oral sobre plantas, animales y gentes que establece el ciclo anual biológico de una historia citada en el momento de tránsito al origen del tiempo humano.
Las piezas melódicas se transcriben al lenguaje verbal mediante la interpretación de los sonidos y su significación, que además de representar situaciones contingentes, constituyen el relato. Si los elementos y piezas melódicas que componen el “Yapurutú”, las tomamos como partículas, como hechos aislados, la narración perderá su coherencia.
La comunidad fabrica sus instrumentos preparándose para la fiesta; todos los miembros de la comunidad deben hacerlo, por eso es que todos aprenden, tanto a construir sus instrumentos como a entonar los cantos de las kamaratas y a la danza. Ellos viven bailando en sus rituales; hacen bebidas fermentadas y danzan el “Dabucurí”.

Características generales del baile
En esta danza solamente participan los adultos; las mujeres buscan su parejo en la ofrenda del “Dabucurí”. En esta danza puede participar toda la población adulta. El “Yapurutú” se danza y se canta en la maloca, o en un espacio abierto de una comunidad. Se realiza en épocas de abundancia de comida y cuando se decide compartir con otras comunidades.
Se trata de una danza o actividad colectiva por parejas. El grupo realiza movimientos de la anaconda, alrededor de los frutos y de la comida que se lleva al Dabucurí. El ritmo se lleva sobre los sonajeros previamente instalados en la parte inferior de la pierna derecha, a la altura del tobillo.

El vestuario tradicional con los que la comunidad realiza sus rituales dancísticos consiste en trajes elaborados en fibra de corteza de árbol. Los trajes son complementados con simbología ancestral, que se plasma en pinturas vegetales naturales que se extraen de arbustos silvestres, como también se adornan con semillas silvestres y coronas emplumadas para el caso de los hombres. Las mujeres y los hombres acostumbran a pintarse el rostro y el cuerpo con los tintes naturales, utilizando ciertas figuras que tienen un significado mitológico de alta representación histórica y cultural para su comunidad.

Para la danza del Yapurutú, los danzantes tienen como accesorios collares elaborados con semillas naturales; sonajeros en los tobillos con castañas, con lo que se hace un efecto de percusión donde se lleva el ritmo.
  • Hombres: ruana o manta blanca larga ceñida a la cintura con una faja, pantalón largo ancho sostenido con un cordón y gorro blanco. Siempre cargan varias mochilas, por lo general tres, dos en cazadas sobre el pecho y otra llamada “yuburumasí”, que va colgada del cuello o cabeza y cae sobre la espalda.
  • Mujer: dos mantas de algodón que ella misma confecciona, cruzadas y sujetadas con una falda ancha que da varias vueltas a la cintura. Como accesorios usan múltiples collares de pepitas, conchas o chakiras.
Koguis y arsarios
  • Hombre: batola de algodón suelta y de manga larga, pantalón largo y una mochila, va descalzo.
  • Mujer: batola y una mochila, va descalza.
  • Liquiliqui: camisa abierta en forma de chaqueta de manga larga, con botones grandes amarillos y bolsillos en la parte de abajo en forma rectangular y forrada en la parte de adentro con seda.
  • Pantalón: pantalón de vestir, se usa del mismo color del liquiliqui. Entre los colores más tradicionales se encuentran: blanco, mugo (café) y negro, así como también los de rayas.
  • Alpargatas: tejidas en hilo, de color negro y suela de cuero de res. A diferencia del hombre, la mujer puede llevar alpargatas de colores.
  • Mujer: Blusa bordada, anaco negro con rayas azules y rojas en el ruedo, chal negro, sombrero de iraca, cuetanderas. Las mujeres andan descalzas.
  • Hombre: Ruana o capisayo, cuetandera, pantaloncillo de lienzo, sombrero de iraca.
Vestuario zonas frías
  • Mujer: Faldas en paño o telas gruesas de colores oscuros; entre más frío, más oscuros; blusas de manga larga y cuello alto, ruanas de lana de oveja o chales tejido negros. En algunas partes utilizan sandalias de caucho o descalzas. Sombrero negro.
  • Hombre: Pantalón de tela, ruana de lana de oveja en colores oscuros, sombrero negro, descalzos.
Vestuario de las zonas templadas
  • Mujer: Vestidos en colores claros, floriados, en telas ligeras, sandalias o descalzas. Las mujeres de edad usan faldones y blusas escotadas de manga corta.
  • Hombre: Pantalones en colores claros, a media pierna, sin camisa o camisa de telas ligeras de colores claros. Sombrero de alón.
  • La camisola o combinación: Era ropa interior parecida a la camisa de dormir pero tenía el largo del vestido.
  • La pollera: Era lo que hoy se llama enagua, pero se hacía con tela sencilla; al principio estaban hechas con pretinas pero después con caucho, luego con elásticos.
  • La media pollera: También las usaban las personas delgadas pero quedaban a la altura de la cadera debajo de la pollera, las hacían para verse caderonas.
  • La paruma: Era una especie de toalla grande de paño, generalmente negra que las damas distinguidas dentro de los campesinos usaban como bayeta bien atada a la cintura, con un cinturón de tela denominado chumbe.
  • El tetero: Era como un pañuelo rabo de gallo, amarrado al cuello con el nudo por detrás, para cubrir los senos y acompañaba a la balleta o paruma.
  • El rebozo: Las mujeres adineradas hacían la paruma de tela fina de dos colores, uno de fondo y otro colocado en la parte superior e inferior de la falda.
  • En casos especiales las mujeres estaban ataviadas con faldas largas con tres boleros, a los cuales habían colocado cascabeles, campanilla y otros sonajeros.
  • La bayeta: Es la paruma que usaban las pobres (negra e india). Se confeccionaba de una tela especial llamada jula, que era de color azul y dio origen al nombre de la mojara denominada así.

 colombia


 



La población colombiana es el resultado de la mezcla entre los españoles y europeos que conquistaron y colonizaron el territorio desde el siglo XVI hasta el XIX, los africanos (negros) importados como esclavos desde el siglo XVII hasta comienzos del XIX, y los aborígenes americanos (indígenas). Desde el siglo XIX y a lo largo del siglo XX la inmigración de árabes, especialmente hacia la costa del Caribe y la isla de San Andrés, ha sido cada vez más relevante.

En las diferentes regiones del país, además de los blancos (20%) pueden identificarse otros grupos: mestizo (mezcla indígena-blanco), que engloba al 58% de la población colombiana; mulato (mezcla negro-blanco), al 14%; negro, al 4%, y zambo (mezcla indígena-negro), al 3%, además del 1% indígena. La mayor parte de la población del país, que reside en las vertientes de las cordilleras y los altiplanos, es mestiza. En la costa caribeña dominan mestizos y mulatos, y en la costa Pacífica destacan los mulatos y zambos.

Colombia se divide en 32 departamentos y el Distrito Capital de Santafé de Bogotá. Los departamentos son: Amazonas, Antioquia, Arauca, Atlántico, Bolívar, Boyacá, Caldas, Caquetá, Casanare, Cauca, Cesar, Chocó, Córdoba, Cundinamarca, Guainía, Guaviare, Huila, La Guajira, Magdalena, Meta, Nariño, Norte de Santander, Putumayo, Quindío, Risaralda, San Andrés y Providencia, Santander, Sucre, Tolima, Valle del Cauca, Vaupés y Vichada.
EE. VAUPES

En el departamento del Vaupés el traje típico de los grupos era el guayuco y el tapa rabo, prendas que normalmente utilizan los nativos. Para los actos de fiestas tradicionales se adornaban en el cuerpo y la cara con pinturas de achiote de color rojizo.

Traje para el hombre
El hombre promedio de la región es trigueño y de estatura mediana, aproximadamente 1,70 mts. En el abdomen se amarra una tira de cabuya que sirve para asegurar el guayuco, una tela extraída generalmente de la corteza de un árbol. Se usa llevar una flor en la oreja, pintura en la cara, brazaletes de cuero de churuco o de venado, collares de colmillos del jaguar o de mariposas.

Traje para la mujer
La mujer es de estatura mediana, de color trigueño y de cuerpo delgado. Se viste con una falda de tela fabricada con corteza de árbol llamada zallá, en lengua tukana, se pinta las piernas y la cara con achiote y el pelo con veé de color negro.

FF. VICHADA

El llanero es muy sencillo para vestir, debido al medio climático y a su trabajo. El sombrero es un accesorio indispensable, ya que no falta para protegerlo de la lluvia en el invierno y del sol en el verano. Esta es una prenda que le da identidad al hombre de la llanura. El sombrero debe ser de fieltro fino y de alas anchas, que cada cual acomoda a su gusto. La cinta interior hace las veces de pequeño bolsillo para llevar mensajes o billetes.

La franelilla o la camisa manga larga y el pantalón arremangado o “tuco” son las prendas que cubren al trabajador sabanero. Las faenas de corral, de amansar caballos, de rodeo y de arrear ganado se acostumbran a pie limpio, lo que ha acostumbrado al llanero a permanecer descalzo en el hato. Las alpargatas son su recurso para alguna protección y presentación. Las botas y zapatos se llevan en los poblados para lucirlos en las tardes de coleo, en la gallera o en visitas que no deben faltar; y para que hagan juego con el pantalón “fino” y la camisa de moda, además del reloj de pulso, anillos y la cadena al cuello.

La mujer llanera lleva una sencilla falda de colores claros y una blusa cuello bandeja con mangas cortas. Puede llevar zapato bajito o alpargatas y adornarse con peinetas, cintas o flores en el cabello; cadenas en el cuello, aretes grandes y anillos. La mujer no usa sombrero.

El vestido de los indígenas
Desde el descubrimiento y la colonización, con la llegada de los españoles la cultura indígena ha sido casi exterminada. Actualmente ellos visten por lo general con ropa que los blancos les regalan o cambian por pescado y artesanías; las mujeres generalmente usan faldas largas y los hombres pantalones largos.
Ellos no usan ropa interior. Cuentan que antiguamente ellos mismos hacían el guayuco, que es una prenda en forma de pantaloneta con la que se cubrían el cuerpo. Ese material es extraído de un árbol llamado “matapalo”.
 DD. VALLE DEL CAUCA

La mujer vallecaucana llevaba generalmente trenzas con cintas de colores vistosos, blusa de algodón escotada que en fiestas y celebraciones iba decorada con boleros y llamativos bordados. La falda era de popelina, falla o dril negros en forma de campana, muy amplia, con aplicaciones de rosas rojas, blancas o amarillas. Los zapatos eran baletas negras de cordobán. Se usaban collares de cuentas multicolores, una cinta de seda negra con una cruz y aretes de oro.

El Hombre usaba sombrero de paja blanca y de alas medianas, con cinta negra angosta, pañuelo de vistosos colores en seda o algodón. La camisa en algodón blanco y de manga larga y estrecha, con botones de concha de perla o de hueso. Los pantalones se usaban en tela de dril blanca y los zapatos eran sencillas sandalias “quimbas”, de cuero crudo con correas. A la cintura se llevaba una correa de cuero gruesa en el que se introducía una vaina de vaqueta para el machete.

Hoy en día el crecimiento de las ciudades se ha hecho evidente y la actividad económica e industrial ha reemplazado en buena medida la importancia del campo, también la vestimenta se ha transformado tanto en la zona rural como en la urbana. El desarrollo económico y el acceso a medios de comunicación, han transformado de manera importante las costumbres y los modos de vestir de los habitantes del departamento.

En la zona del pacifico vallecaucano, la vestimenta utilizada es el producto de varios factores: el clima que oscila entre 28 y 30 grados centígrados, la humedad y la cultura y espíritu alegre de la población de raza negra. Se usa ropa ligera en materiales suaves y naturales que permiten soportar el calor como algodón, franela y lino. Las mujeres adornan sus cabellos con trencitas anudadas con chaquiras de colores que se enlazan en formas diferentes, creando figuras.

Antiguamente las mujeres vestían con faldas y blusas blancas de resorte y boleros discretos en las mangas, pañoletas en la cabeza, grandes sombreros de paja y sandalias en cuero de tiras muy sencillas aunque generalmente iban descalzas así como los hombres. Los hombres vestían con pantalón y camisa blanca de dacrón, sombreo de paja y correa de cabuya. Estos trajes hoy en día se usan para bailes típicos como el currulao o representaciones musicales y no como atuendos cotidianos.

Las comunidades indígenas, al igual que el resto de la población, han variado sus costumbres y los trajes que anteriormente constituían su vestimenta cotidiana, hoy son usados para desarrollar danzas rituales o religiosas.

En las comunidades wounan las mujeres dentro de su resguardo van con el torso descubierto, usan telas de 80 cm. de ancho por 50 cm. de largo, amarradas a la cadera y tejidas finamente con hilos de colores. Usan accesorios como collares de chaquiras de barro o pasta cuya belleza depende del grosor y del largo. Generalmente tienen entre ocho y diez tiras de nylon anudadas de acuerdo a la forma y figura que se quiera dar al collar, cada tira tiene un significado diferente y representa elementos de su cosmovisión.

Los hombres tradicionalmente usaban taparrabos y pinturas para distinguir su temple. Ahora usan pantalones, andan descalzos y también usan collares de chaquiras elaborados por ellos mismos con los colores de su casta. Los niños andan desnudos y descalzos.
 BB. SUCRE

El vestuario del traje típico del campesino es para el hombre, pantalón de dril o de tela suave; algunos campesinos lo usan remangado hasta las rodillas; correa o faja, donde se carga el machete o la rula; camisa manga corta o manga larga de cuello y bolsillos; abarcas tres puntá’; una mochila tejida de fique, bolsa o de hilo, con colores vivos donde lleva el calabazo, utensilio que le sirve para llevar los tabacos; un porta con la comida y el agua que lleva al monte, su lugar de trabajo; en la cabeza usa el típico sombrero vueltiao, sombrero concho o una gorra.

Para la mujer, blusa ancha, con cuello; algunas la utilizan sin cuello y sin mangas, estampada o de colores lisos; falda larga de faja estampada con vuelo, con corte canesú o rizada a la cintura; un pollerín; en la cabeza usa peinetas, ganchos, binchas o flores (flor de bonche o de sal de la india); aretes y collares a su gusto; para el calzado utiliza las babuchas.

Los trajes típicos festivos del departamento de Sucre

Fandango

  • Traje para la mujer: camisola o una blusa corta, falda amplia, larga hasta el tobillo en corte canesú o rizada a la cintura, adornada con trencillas, tapapuntos y cintas ajustadas al talle con un fajón, sin cierre o cremallera, pollerín, babuchas (zapatilla de tela), collares o cadenas, pulsos y aretes, flores tropicales (rosas, hicacos y bonches) y maquillaje al gusto. Todo esto se puede combinar logrando un toque estético y femenino a la bailadora de fandango.
  • Traje para el hombre: pantalón de dril o gabardina, blanco o de colores tierra, con bota recta de talonera o dobladillo, bolsillos delanteros y rejos para ajustarse a la cintura, correa, camisa blanca manga larga de cuello alto, recta y de puño, guayabera o liquiliqui, abarcas tres puntá’ y el sombrero vueltiao.
Porro
En este caso el vestuario tiende a diferenciarse del fandango, siendo este más libre y adaptado a los gustos de la gente.

  • La mujer usa falda sencilla hasta la mitad de la pantorrilla con poco vuelo; la blusa es escotada, sin mangas y sin arandelas, toma regularmente colores pasteles, se baila sin velas, los adornos en la cabeza son del gusto de la mujer: peineta, binchas, flores. Para el calzado se utilizan las sandalias o abuelitas (también se usan vestidos enterizos).
  • El hombre usa pantalón de dril o gabardina, blanco o de colores tierra, con bota recta de talonera o dobladillo, bolsillos delanteros y rejos para ajustarse a la cintura con una correa, camisa blanca manga larga de cuello alto, recta y de puño, guayabera o liquiliqui, abarcas tres puntá’ y el sombrero vueltiao.
Gaita
  • La mujer usa blusa cuello de bandeja, sin puños, falda larga de faja estampada, con vuelo; se baila con velas. Los adornos en la cabeza son del gusto de la mujer: peineta, binchas, flores. Para el calzado se utilizan las sandalias o abuelitas (también se usan vestidos enterizos).
  • El hombre usa pantalón de dril o gabardina, blanco o de colores tierra, con bota recta de talonera o dobladillo, bolsillos delanteros y rejos para ajustarse a la cintura con una correa, camisa blanca manga larga de cuello alto, recta y de puño, guayabera o liquiliqui, abarcas tres puntá’ y el sombrero vueltiao.
Cumbia
  • Las mujeres usan faldas muy anchas y largas, casi todas blancas o de colores muy vivos; blusas escotadas y mangas cortas; se baila con espermas o velas. Los adornos en la cabeza son del gusto de la mujer: peineta, binchas, flores. Para el calzado se utilizan las sandalias o abuelitas (también se usan vestidos enterizos).
  • El hombre usa pantalón blanco pero enrollado en la mitad de la pierna; camisa blanca, con mangas también enrolladas, descalzos y el sombrero vueltiao.
CC. TOLIMA

Campesina tolimense
La mujer tolimense lleva una falda de colores vivos en un solo tono, adornada con arandelas, encajes, cintas, randas, lazos y pasacintas.
La blusa generalmente es blanca, va hasta un poco más abajo del codo, esta adornada con pasacintas, y va por fuera de la falda.
El sombrero y las alpargatas, son irremplazables, y ante todo impera el recato y la coqueteria fina.

Campesino tolimense
Pantalón y camisa blanca, mochila de fique, raboe´gallo rojo, sombrero y alpargatas con cordones negros, conforman el vestuario típico.
Y. RISARALDA

Vestuario campesina risaraldense
La campesina de estas tierras usaba pañuelo en la cabeza y sombrero de paja, fino u ordinario, sólo cuando iba al pueblo. La blusa de gran influencia hispánica tenía pechera y bolero, y estaba ricamente adornada con alforzas, ruches, encajes y bordados; las mangas largas o cortas, cuando se usaba la manga larga ésta no tenían encajes en el puño sino que se lo colocaban en el codo. La falda, que podía bajar hasta 20 cm por encima del tobillo, estaba elaborada en telas floreadas y recogida, adornada con randas. Llevaba en la parte inferior de la falda uno o dos boleros y siempre usaban enaguas, prenda elaborada en género de Calicó, amplia y ricamente adornada; adicionalmente se usaban las calzonarias y corpiños. Generalmente se peinaban con trenzas, zarcillos largos, candongas o arracadas, y el calzado alpargatas o cotizas.

Debido a la fuerte tradición patriarcal que define como pueblo paisa, es poco probable que la mujer haya trabajado como recolectora de café de forma definida, pues este oficio requería estar desplazándose a distintas comarcas, buscando cosechas para recolectar, cualidades éstas permitidas únicamente a los hombres. La mujer en un primer estadio de la formación paisa cumplió un papel netamente doméstico, de ahí que el concepto de “Chapolera” sea moderno, pues representa una ruptura con la tradición machista y la consabida liberación femenina, al entrar a disputar un sitio en la vida laboral, hasta entonces un ambiente completamente machista.

Campesino típico risaraldense
Usaban sombrero aguadeño, de copa alta, alón y cinta negra, generalmente camisa a rayas manga larga y de cuello sencillo, delantal arriero, vaina y machete, pantalón negro, pañuelo rabo e’ gallo anudado al cuello, carriel que va siempre pendiendo del hombro izquierdo, cruzando el pecho para caer sobre la cadera derecha. En las zonas frías el campesino usa ruana, elaborada en lana, y de zonas cálidas el poncho. Por lo general andaban a pie limpio y sólo en ocasiones especiales usaban alpargatas.

La Corporación Ballet de Colombia (Trajes Regionales de Colombia de la Corporación Ballet de Colombia) realiza la siguiente descripción: “Las haciendas de plantación habitualmente sostienen un personal de agregados que garantizan un mínimo de brazos para atender la recolección con la participación de todos los miembros de la familia, aún de los párvulos que están en condiciones de hacerlo. El jefe de la familia y varones mayores, en el tiempo restante, se ocupan en otras labores propias del mantenimiento de la hacienda.

Los campesinos minifundistas, propietarios y cultivadores directos de sus pequeños predios, complementan los recursos para atender a su precaria subsistencia, acudiendo a las haciendas para brindar con su familia su fuerza de trabajo, en las periódicas etapas de cosecha y en la época de la Traviesa o Mitaca.

El fenómeno de la explosión demográfica, muy acentuado en estos núcleos rurales, suministra a los hacendados brazos en abundancia y extrema, al mismo tiempo, la situación de penuria de la familia minifundista y de los agregados. Esta situación se torna crónica y genera un éxodo constante hacia los centros urbanos.

Las faenas cafeteras demandan un traje que permita facilidad de movimientos y protección contra los insectos.

La “Chapolera” de Caldas, Quindío y Risaralda acostumbra a utilizar trajes de falda de doble rotonda en tela de algodón estampada; blusa blanca de algodón con cuello alto, manga larga y pechera de encajes y letines, pañuelo anudado a la cabeza y sombrero. Cintas en las trenzas y alpargatas. Adicionalmente un canasto de dos orejas, para ser sujetado a la cintura.

El sombrero es de trenza de palma, el pañuelo rabo e’ gallo y trenzas con moños de cinta. El tocado es habitual de la recolectora de café “Chapolera” en los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda.

El canasto es tejido con bejuco delgado, destinado a servir de depósito transitorio del grano que la Chapolera recoge directamente de la rama del cafeto. El delantal protege el vestido de la fricción del canasto y de la humedad de la miel que mana del grano maduro.

La mujer generalmente lleva trajes de una sola pieza, en tonos muy vistosos, tal vez debido a la extravagancia de los gustos y la preferencia por los tonos encendidos de los negros caucanos; en ocasiones la mujer lleva alpargatas, pero es común encontrarlas descalzas.

A comienzos del siglo XIX empiezan a llegar al país los legados culturales del Viejo Mundo. De esta manera la moda de la época se define como cortesana. Durante años no se permite nada que tenga que ver con lo criollo, se dejan de lado las alpargatas, las faldas de lienzo, las mantas tejidas, las bayetas y todo lo demás que tuviese que ver con lo criollo y lo tradicional.

Las damas de clase alta se ataviaban con trajes finos, generalmente importados, sus telas y accesorios llegaban en barco desde Europa. Las telas generalmente eran bretaña, terciopelo, tafetán, preferiblemente en tonos oscuros, y los vestidos eran entallados en la cintura o de “avispa”, con falda amplia y soportada por enaguas de holán.

A veces usaban bajo la falda armazones llamados polizones, quitrines o miriñaques que acomodaban en la cintura para abultar el vestido y resaltar la forma de la silueta de moda. Algunos adornos eran con almillas, otros con encajes y otros con boleros pisados con galones. También eran comunes las mangas ajustadas y rematadas con cascadas de encaje. Algunos trajes también llevaban elementos decorativos como prendedores, perlas, canutillos, lentejuelas e incluso bordados con hilos de oro y plata.

El calzado se fabricaba en forma de botines, usualmente en cordobán, algunas veces hechos del mismo material del vestido.

El traje del hombre no era menos exigente; generalmente también era importado, en paños, linos y terciopelo. Los pantalones de corte recto con pretina y prenses. La chaqueta estilo clásico 1830, un poco entallada, con amplio vuelo en las caderas y con una pequeña cola imitando el clásico frac del siglo XVII.

El chaleco era usualmente del mismo material del pantalón, con un pequeño bolsillo que servía como relojera. La camisa era muy elegante con cuello inglés pegado a la camisa. Algunos modelos de camisa más sofisticados tenía los cuellos separados y almidonados, llamados vulgarmente “de pajarito”, con corbata de moño mariposa.

Los botines de cuero o soche se protegían normalmente con guardapolvos de bucama blanca fijados a la parte externa. No se puede definir un sombrero en particular.

En cuanto a accesorios, todavía se utiliza el irremplazable carriel, una bolsa con numerosos bolsillos ocultos, forrada en cuero por un lado, que es el accesorio más típico del antioqueño de pura cepa, también usa el poncho blanco de algodón o bien la oscura capa de lana, la ruana”.

Traje para las comunidades indígenas
La comunidad embera chamí de los municipios de Pueblo Rico (corregimiento de Santa Cecilia) y Mistrato viste al estilo occidental. Los hombres llevan pantalón, camisa y zapatos que compran en los centros urbanos de Santa Cecilia y Pueblo Rico; las mujeres con vestidos de una sola pieza de colores fuertes como el rojo, azul, amarillo, naranja y verde que son confeccionados a mano por ellas mismas y que adornan con cintas de colores contrastantes.

Vestido para la mujer indígena
Vestido colorido de prenses en crema batida o tricot (no estampado de un solo fondo). Usan collares y/o pectorales elaborados con semillas de chochos, chumbimbo, lágrimas de San Pedro o en chaquiras. Las mujeres se maquillan normalmente con achote en los pómulos. Antiguamente andaban descalzas, sin embargo actualmente usan zapatos.

Entre los accesorios utilizados por las mujeres emberas se destaca la corona elaborada en lana de colores fuertes como el rojo, azul, amarillo y los collares elaborados en chaquira o en semillas.

Comunidad indígena de Quinchía
De acuerdo con los cronistas, los indios de la región de Guacuma usaban narigueras y adornos nasales que parecen clavos retorcidos, que popularmente se conocen con el nombre de torzales. En la pantorrilla y los brazos usaban una cinta fuertemente apretada que provocaba la deformación artificial de estas partes del cuerpo.

Se vestían con ropa de algodón con galanas pinturas y cubrían su cuerpo con piezas de oro de distintas formas. Adquirían mantas por intercambio comercial (trueque) con grupos vecinos, toda vez que no tenían cultivos de algodón. La escasez de ropa confeccionada con algodón la suplían con el empleo de corteza de árboles con la cual los nativos confeccionaban sus vestidos.

La colonización europea fue imponiendo diversas formas de vestir entre las comunidades indígenas que aún existen y que en el lenguaje popular de las personas de Quinchía se conocen como memas. Se encuentra un número reducido de mujeres mayores que utilizan y conservan una tradicional forma de vestir, que consiste en vestidos de una sola pieza en colores fuertes que contrastan con los colores de la naturaleza. Ellas prefieren los colores vivos como el rojo, verde, azul, amarillo y anaranjado; esta forma de vestir la podemos observar en las famosas callaneras de Quinchía de la vereda los Medios, que domingo tras domingo, van a ofrecer sus artesanías y comidas típicas.

Utilizan adornos como aretes, cadenas, collares, diademas, anillos, pulseras y manto, entre otros, de fabricación industrial o de materiales tales como chaquiras o chochos.

Vestuario para las comunidades Afrorisaraldenses
La comunidad afrorisaraldenses está concentrada en el corregimiento de Santa Cecilia, en el municipio de Pueblo Rico y en Pereira.

Su vestuario consiste en faldas largas, blancas o de flores, las blusas bancas con boleros y de manga corta. Para bailes elegantes como el Currulao y la Polca utilizan la blusa con manga tres cuartos y cuello alto. En los bailes de calle usan uniformes cortos con faldas de flores combinadas.

Z. SAN ANDRÉS Y PROVIDENCIA

El vestuario, reminiscente de las tres primeras décadas del siglo pasado, recuerda al nativo en su atuendo acostumbrado para sus reuniones sociales, celebraciones publicas y culto religioso, siguió vigente y con escasas modificaciones hasta muy avanzada la tercera década de este siglo.

Vestido de la mujer
Vestido de mangas tres cuartas, cuello alto con abundancia de encajes de adorno (pechera), lazos en cintas de seda alrededor de la ancha falda que cubre el tobillo, generalmente en colores suaves, enaguas anchas, con cintas y encajes de adorno y calzón a media pierna, zapatos cerrados y tacón de media altura generalmente de color negro.

Vestido del hombre
Saco de cola, negro generalmente, corbatín, chaqueta, tirantes, camisa casi siempre blanca, pantalón color gris, negro o crema y zapatos negros.

Peinados
El peinado de la mujer isleña también merece notarse, pues pese a las características propias de su raza, siempre ha sido exigente en cuanto a su buena presentación personal. En los círculos sociales de las islas, el peinado de las mujeres sierre coincidía con la moda proveniente de Norteamérica, Jamaica y más recientemente, de Panamá, que hasta la entrada de los años '50, marcaba la pauta en cuanto a la moda entre las isleñas. Para fiestas y cultos religioso, los peinados más usados eran: el "Roll", el "Upsweep", "Bun", pronunciación Bon), "Let go" (que significa, suelto, sin estilizar) y "Rinclets", (pronunciación vernácula para ringlets).

Estos peinados no dependían de la calidad de pelo, pues mientras no era demasiado corto, el peinado se hacía. Las niñas, en estas circunstancias, usaban “Curls" si el cabello era bueno y para el pelo afro “sofá” (ensortijado pero manejable). Se usaban mucho para el diario el “catta” (pronunciación catá), rosquitas pequeñas o medianas repartidas ordenadamente en toda la cabeza. Este estilo no se usaba para salir sino para estar en casa y más que todo para mantener el pelo "liso" después de una vaselinaza o para fomentar el crecimiento del cabello.

AA. SANTANDER
Mochuela de San Gil
Falda amplia de tafetán negro y grabado con alforzas pespunteadas en hilo de colores y boleros paralelos al dobladillo de la falda; la blusa en tela raso de colores suaves, manga larga y pechera alforzada. Las alpargatas de coleta burda y bordados de colores, sombrero de jipa. Campesina de Pamplona: falda negra, larga con pliegues en la cintura; blusa blanca o estampada, cuello alto y manga larga. Vestido de los campesinos: camisa amplia de coleta indiana utilizada en trabajos agrícolas y mineros. Sin cuello y con una almilla hasta abajo del hombro, le sigue una manga amplia que va estrechándose al llegar a la muñeca con un pequeño puño. El pantalón es de lienzo de Samacá, con listas azules y blancas. Un sombrero de ala amplia y las alpargatas o cotizas sencillas.
 V. NORTE DE SANTANDER

Antes los guanes, hombres y mujeres, vestían con mantas de hilo de algodón. Una manta la ceñían a la cintura y otra pendía del hombro izquierdo y allí mismo lo anudaban. Los principales de la tribu y sus mujeres, unían la manta con un alfiler de oro. Las mujeres usaban una manta cuadrada llamada chirgate, ceñida al a cintura con una faja llamada chumbe o maure, y sobre los hombro otra manta pequeña llamada líquira, prendida en el busto con un alfiler grande de oro plata con cabeza en forma de cascabel, quedando el busto casi al descubierto. El color cotidiano era el blanco y para el luto se utilizaba el rojo. No utilizaron calzado hasta la conquista, cuando empezar a fabricar alpargates.

El cabello de hombres y mujeres era largo, los hombres se peinaban con una carrera central, las mujeres lo dejaban suelto y procuraban mantenerlo de color negro usando tintas naturales. Una forma de activar a un hombre era cortarle el cabello. Usaban gorros de fique, algodón o piel de animales y durante las fiestas o la guerra usaban vistosas coronas de plumas. Se adornaban con narigueras, orejeras, collares, brazaletes y pectorales hechos en oro, cobre o piedra y su cantidad y calidad dependía del estatus.

En la actualidad el vestuario de los nortesantandereanos se diferencia según el piso térmico.

  • Traje de clima cálido. Telas frescas en algodón, arazas, holán, popelinas en colores pastel y blanco para soportar las inclemencias del clima caliente.
  • Traje de clima templado. Aparecen los colores oscuros, los estampados, telas de algodón y mezclas con lana, debido a la variedad de climas que se presentan.
  • Traje de clima frío. Es un clima de montaña, donde las telas de los vestidos son de una textura más gruesa y pesada, como paños, bayetas, “el bayetón” y lana virgen. Predominan los colores oscuros, en especial el negro, que recoge y atrapa el calor solar.
Para precisar un traje de mujer o de hombre, antes que diseños o colores, hay que destacar la textura y los volúmenes que dan las telas, los accesorios, la clase social y si es un traje de laboreo, de diario o de fiesta.

Traje de laboreo

  • Delantal: usado generalmente por las mujeres, se destaca en los accesorios, su función es cubrir la falda para evitar que se ensucie o manche. Los hombres ocasionalmente, por ejemplo en la recogida de café usan delantales en dril, cañamazo o fibra de costal (fique) para proteger el pantalón.
  • Sombrero: accesorio vital en la vestimenta campesina. Es el amigo fiel en la acciones de laboreo, es el guarda secretos donde se puede tener el dinero y otras cosas importantes. Usado tanto por hombres como por mujeres, además de servir para protegerse del sol, denota el estatus social. Existen varios tipos de sombrero entre los cuales podemos encontrar el clásico sombrero de iraca, de lana o de jipa, el famoso sombrero cinta negra y el sombrero de fieltro en colores negro, verde, azul, gris, café.
  • Calzado: las cotizas o alpargatas son un elemento que identifican la región de Norte de Santander. Antiguamente eran fabricadas a mano, en tejido de fibra de fique (ágave). Posteriormente se introdujeron las capelladas en tejidos de algodón, suelas en cuero crudo completamente cosidas a mano y capelladas en lona con suelas cortadas de llantas usadas de automóvil. El calzado ha generado algunas pequeñas industrias familiares que utilizan creativamente estos materiales desechados, en años recientes su uso se hace cada vez más escaso.
  • Machete: también llamado machetilla o rula. Es un elemento indispensable para la labor en el campo para el hombre y la mujer, ya que ayuda a limpiar la maleza de los cultivos, además representa un elemento de protección y en algunas regiones de Norte de Santander se usa como instrumento musical, al arquearlo contra el cuerpo y frotarlo con un cuchillo, produce un sonido metálico característico que acompaña las melodías de guitarras, tiples y bandolas.
  • Cinturón: otro elemento que caracteriza el traje de laboreo campesino, en algunos casos son correas con hebilla fabricadas de cuero crudo o productos comerciales, pero en su gran mayoría son sólo cabuyas o los clásicos pretales: cinchas en fique tejido, cuya parte central es plana que y se apoya sobre la frente permitiendo llevar sobre la espalda cargas relativamente pesadas. El distintivo de las clases pudientes lo constituía la hebilla del cinturón que debía ser grande, en materiales diversos como hueso, cobre, plata u oro, según la posición pecuaria de cada uno.
  • Pañuelo: elemento indispensable en el hombre para protegerse del sol y limpiarse el sudor. Generalmente se conoce como raboegallo en climas cálidos.
  • Ruana: en climas fríos es la fiel compañera del campesino, generalmente fabricada en lana virgen.
  • Pantalón: de manta o de dril, a rayas, a cuadros o unicolor, de corte recto o bota guardapolvo (doblada), relojera (bolsillo pequeño para guardar el reloj o las monedas) y prenses delanteros.
  • Camisa: generalmente de manta y algunas con pecheras bordadas que denotan influencia europea.
Traje para la mujer: el traje de uso diario de la mujer era con varias enaguas, camisa ajustada y bordada, pañuelo cruzado, sombrero jipijapa y alpargatas, todo caracterizado por el donaire y gracia característicos del pueblo.

En las clases altas las señoras y señoritas vestían trajes de muselina o lino, generalmente de colores claros, elegantemente confeccionados. Una que otra dama rica vestía de seda en las fiestas sociales.

Los domingos o los días de fiesta, en los pueblos se usa el conocido traje dominguero o traje alcanforado, debido a que se le hecha alcanfor para su mantenimiento. Se puede notar el uso de alpargatas de suela de cuero y en algunos casos el botín, que simboliza poder económico.

Trajes de fiestas tradicionales

  • Mujer: traje de dos piezas, falda y blusa. La blusa siempre blanca o en tonos pastel, manga 3/4 con volado rematado en punta, encaje con abotonadura delantera, adornada de alforzas o varillas en la misma tela, o hileras de encaje paralelas a la los botones, terminada con una gola que demarca la cintura, y cae sobre la cadera. El cuello redondo, ligeramente escotado termina con encajes o golas de la misma tela y se le denomina cuello de bebé. La falda es de gran vuelo con muchos pliegues en la cintura, logrados al ceñir la jareta larga hasta el tobillo, rematada con gola adornada de finos encajes, en perfecta combinación. Se usan las telas de algodón o zarazas ligeras, debajo de las cuales se lleva una gran enagua o mediofondo almidonado, para brindarle mucho volumen. Adornaban la cabeza con moños, cintas de colores y peinetas, o usaban trenzas recogidas de varias formas alrededor de la cabeza. En el cuello no podía faltar la cinta de terciopelo con un medallón o Cristo, haciendo juego con los aretes. Calzaban las populares alpargatas blancas o abuelitas.
  • Los hombres preferían el blanco, propicio para sobrellevar los rigores del clima cálido en conjuntos de dril supernaval, conformados por chaqueta y pantalón. Camisa blanca de manga larga, con o sin pechera, adornada de encajes o varillas (alforzas) de la misma tela y apuntada hasta el cuello. Sombrero de jipa con cinta negra, de fieltro o paño. Botines de cuero. Pantalón almidonado, de bota holgada y rematada en guardapolvo.
W. PUTUMAYO

Los vestidos de los ingas y Kansás del valle de Sibundoy (indígenas de la región) son los mismos:

Hombres

  • Túnica interior blanca de algodón.
  • Túnica negra de lana o “cusma” de manga corta y larga hasta más abajo de las rodillas, ceñida con una faja corta de lana.
  • Ruana o “capisayo”, largo de hilos verticales de lana en colores azules y blancos.
  • Collar de cuentas pequeñas de “chaquiras” de varios colores vivos y muchas vueltas alrededor del cuello (demuestra status social).
Mujeres
  • Falda negra o “pacha” de lana sostenida en la cintura por un “chumbi”, que es una faja ancha de lana o algodón, de colores rojo y blanco. Blusa o “tupulli” de algodón, generalmente rojo o azul.
  • Bayeta” o reboso de lana de color azul o rojo.
  • Manillas de cuentas pequeñas de porcelana o “chaquiras” en las muñecas de ambos manos.
  • Collar de cuentas pequeñas de “chaquiras” alrededor del cuello, formando una enorme sarta de hasta 20 vueltas o más.

En el Medio y el Bajo Putumayo los indígenas que anteriormente sólo utilizaban el “guayuco” o taparrabo de fibras naturales, hoy se amoldan a la vestimenta de los colonos; sin embargo, su forma de vestir no difiere mucho en cuanto a colores, materiales y accesorios.

Por lo general los hombres utilizan pantalón de color azul marino, café o negro, (colores oscuros) camisa manga larga de color blanca o beige; también puede ser cusma blanca de manga corta o sin mangas hasta la rodilla y pañuelo de color rojo, azul o verde anudado al cuello.

Las mujeres utilizan una falda oscura enteriza, ceñida con una faja de varios colores o libre para evitar el intenso calor de la región. También usan esporádicamente las “chaquiras al cuello” y el cabello largo.

El campesino
La vestimenta del campesino es similar a la del indígena, sólo que éste no utiliza cusma sino camisa manga corta de colores claros; algunos llevan sombrero para protegerse del sol, poncho y accesorios como el machete para las actividades diarias. La mujer campesina usa vestido enterizo de colores pastel, que generalmente confecciona ella misma, zapatos descubiertos y livianos y su cabello largo y bien organizado.

X. QUINDÍO

Traje típico de la mujer
El traje de chapolera o de mujer recolectora de café, de uso diario, consiste en una blusa blanca de manga larga y cuello alto, abotonada en la espalda y adornada en la parte anterior, el cuello y las mangas con franjas y letines, falda amplia de tela estampada con flores pequeñas de diversos colores y con bolero en la parte inferior; delantal blanco con letines sobre la falda y alpargatas. El cabello se adorna con flores naturales.

Traje del arriero
El arriero dirigía el conjunto de mulas y caballos utilizados para transportar el café. También llevaba telas, cobijas, mantas, herramientas y utensilios. Es representativo de los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío. El carriel es uno de sus accesorios más representativos.

El traje típico del arriero es pantalón de dril, camisa estampada y pañuelo raboegallo amarrado al cuello. Los accesorios principales son: alpargatas, sombrero, poncho, carriel, machete y mulera.

El traje típico festivo es el pantalón de dril, camisa blanca bien planchada, sombrero, y alpargatas. Se complementa con un poncho sobre los hombros y un machete atado a la cintura.

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